25 Jun Resolviendo el misterio de la vida – Paramahansa Yogananda
Resolviendo el misterio de la vida
Recopilación de charlas sobre el mismo tema, dadas en el Templo del Loto Dorado de Self-Realization Fellowship, Encinitas, California, el 29 de diciembre de 1940, y tres semanas después en la Sede Internacional de Self-Realization Fellowship, Los Ángeles, el 19 de enero de 1941.
El único propósito de la vida es encontrar a Dios. Hasta que recuerdes eso, todos los caminos de la vida terrenal —todos los esfuerzos por alcanzar la plenitud— conducen a callejones sin salida. Cuando encuentras un poco de felicidad, y luego viene una enfermedad o tristeza repentina; cuando la esperanza de la juventud da paso a las realidades aleccionadoras de la edad adulta; cuando ganas quizás millones de dólares y, sin embargo, te aburres de todo lo que el dinero puede comprar; cuando ves morir a todos tus seres queridos, uno a uno, entonces el misterio de la vida comienza a densificarse, y te preguntas: «¿De qué se trata todo esto?».
El enfoque de Self-Realization a las preguntas esenciales de la vida
La ciencia avanza; y la religión, en lugar de quedarse atrás o amontonar más oscuridad sobre los demás, debería adoptar una actitud científica. Es hora de que cortes las ataduras de las supersticiones y te liberes, porque eres hijo de Dios. A menos que lo reconozcas y encuentres la imagen de Dios en ti, no serás libre. Nadie puede liberarte de la ignorancia y el sufrimiento hasta que abras los ojos de la sabiduría. Si sigues los principios que enseñamos, te liberarás por ti mismo.
Así́ que sigue las Lecciones que se envían desde Self-Realization Fellowship. Encontrarás en ellas el estudio para toda tu vida. A través de ellas, te liberarás de la prisión de la vida mortal y de los millones de preguntas sin respuesta que yacen en tu mente. ¿Por qué estamos aquí́? ¿Cuál es nuestro destino y cómo podemos controlarlo? ¿Qué es Dios y por qué creó esta tierra? Y si Dios es bueno, ¿por qué hay maldad en este mundo? ¿Qué debemos hacer para tener alegría? Estas son las preguntas que constantemente golpean las puertas de nuestras almas.
Las respuestas se encontrarán en las Lecciones: el misterio del karma y la reencarnación, que explica las causas de lo que nos sucede en la vida; las razones por las que estamos hechos para amar, solo para que la muerte nos arrebate a nuestros seres queridos, y adónde van cuando nos dejan; los poderes latentes del alma, la mente y la voluntad mediante los cuales podemos divinizar la vida. Pero debes practicar con seriedad lo que aprendes, por tu propio bien, no por el mío. Estoy aquí́ solo para interesarte en las verdades que me han dado la emancipación; no tengo ningún otro interés. Estoy aquí́ para decirte cómo encontrar esa libertad.
Y si seguís estas enseñanzas, os daréis cuenta de que este trabajo no os ha dado meros sermones o palabras, sino algo mediante lo cual podéis comprobar por vosotros mismos —más allá́ de toda duda— la verdad que os hará́ libres.
Nunca tengas miedo de cuestionar
Primero que nada, debes entender esto: Dios nunca teme las preguntas. Siempre le he preguntado a Dios: «¿Por qué nos mantienes sufriendo aquí́ en la tierra, en la ignorancia, la enfermedad y los problemas, mientras tú estás sentado en el cielo con todo el gozo, la fuerza y el poder del universo?».
No debemos esperar comprender de golpe la trama de este libro de la vida escrito por Dios. Al leer una novela, resulta fascinante cuando uno se matiene en suspenso sobre lo que revelará el final. Te lleva por laberintos interminables de intriga y experiencias, hasta que en la última página, de repente, descubres cómo triunfa el héroe. Y piensas: «¡Qué novela tan buena!». De la misma manera, no puedes comprender la novela de Dios hasta el final, pues Él es el Maestro Novelista.
Para quienes conocen a Dios, Él desvela el misterio. Cuando recibí́ la respuesta, fue tan maravillosa, tan hermosa y satisfactoria. Pero el misterio de la vida es muy, muy difícil de comprender a menos que conozcas al Creador de este universo. Porque su ley es diferente a cualquier ley que el hombre haya concebido.
El misterio del bien y del mal
En los seres humanos, vemos que algunos gozan de una salud maravillosa, mientras que otros han estado enfermos y achacosos desde el principio de sus vidas. Pensarán: «Bueno, esa es la ley del karma». Y, sin embargo, el karma por sí solo no parece suficiente para explicarlo todo. Sí, cada persona cosecha los frutos de las malas acciones que siembra. Pero ¿quién creó los impulsos que tientan a los seres humanos a obrar mal? Si estamos hechos a imagen de Dios, nuestro ser innato debe ser bueno. No creamos la ira ni la codicia, los celos ni la venganza, pero están ahí́.
¿Y por qué hay destrucción masiva y muerte por inundaciones y otros desastres naturales, que no distinguen entre justos y malvados? ¿Quién creó las bacterias y virus mortales que periódicamente diezman a la población, tanto a los buenos como a los malos, durante las plagas y epidemias? Nuestro karma puede hacernos susceptibles a estas desgracias, pero no las creamos.
¿Por qué se crean estos males? ¿Quién es responsable de ellos? Bueno, Dios es responsable de todo, incluyendo la existencia del Engaño Cósmico (Satanás o Maya), que es la fuente del mal en el cosmos y en nuestras vidas. Pero eso también lo hace responsable de redimirnos. En su grandeza y bondad, Dios debe tener algún propósito para este mundo. Recuerda, no importa lo que tengas que pasar en esta vida, algún día comprenderás completamente este misterio cuando llegues a la última página del libro de esta vida. Pero es inútil intentar comprender todo el libro de una sola vez.
Gengis Kan tomó millones de prisioneros. Cuando le preguntaron qué hacer con ellos, respondió́: «Cortadles la cabeza». Parece que no hay interpretación de la ley del karma que justifique tal acción para cada uno de los millones de afectados. Y, sin embargo, existe una ley que se mueve secretamente en todo, en todas las dualidades aparentemente contrarias del engaño cósmico (maya) mediante el cual Dios creó el universo.
Es muy difícil comprender cómo Dios opera esa ley. Todas las leyes de la ética ordinaria no la explican. La única manera de resolver el dilema del bien y el mal es reconociendo la división entre la ignorancia (nacida del engaño cósmico) y la sabiduría. Dios —el Amante tras todo amor, la Alegría tras todas las alegrías, el Poder tras toda la naturaleza, la Inteligencia tras todas las cosas— se ha ocultado tras el velo del engaño cósmico. Y tenemos plena libertad para apartarlo de nuestras vidas o aceptarlo.
Dios no es un juez vengativo que nos castigue con la ley del karma. Por eso la enseñanza del Bhagavad Guita es tan dulce. «El Omnipresente no tiene en cuenta la virtud ni el pecado de nadie», aseguró el Señor Krishna a Arjuna, señalando que nos castigamos a nosotros mismos cuando permitimos que la sabiduría del alma permanezca cubierta por el velo de la ignorancia.
Dolor, enfermedad, tristeza, sufrimiento, muerte: todo esto ha sido creado por el Satanás metafísico como un velo de ignorancia que oculta la verdad. Dios es verdad; Él está presente en nosotros como el alma inmortal, dichosa e indolora. Y nos ha dado inteligencia y libre albedrío para que quizás busquemos desvelar esta verdad y así́ resolver el misterio de la vida.
No desalojes tu mente de la Conciencia Divina
Todos los grandes santos nos han dicho que estamos hechos a imagen de Dios, y no debemos profanar esa imagen con el miedo, la ira, el odio, la impaciencia ni otras emociones negativas. Todas estas desvían tu mente del estado divino. Aprender el arte de vivir en este mundo sin renunciar a la imagen divina de calma y alegría en la que Dios te creó: ese es el misterio de la vida que debes resolver. Y eso es lo que enseña el yoga.
Aunque el Señor nos ha rodeado de limitaciones por todas partes, la mente puede ser libre. Hay mártires que han aceptado la muerte en el fuego con una sonrisa. Ese es el estado mental verdaderamente libre: cuando ninguna pena ni placer, ningún altibajo en la vida, puede perturbarte.
Los maestros han dicho: intenta remediar la causa del sufrimiento, pero no te dejes intimidar por ella. No te dejes perturbar ni tocar por la vida. Cuando existe una causa externa de perturbación, e intentas remediarla, pero no te afecta internamente, entonces has dominado la virtud yóguica de titiksha, la paciencia divina.
Mediante una constante superioridad mental, o ecuanimidad, neutralizas y, en última instancia, derrotas los efectos del engaño cósmico. Fortalece tu mente para que no te lastimen. No te das cuenta de la belleza y la libertad que se esconden tras la superficie de la vida. ¡Medita! Y fortalece tu mente tanto que puedas elevarte por encima de todo, para que ningún dolor del cuerpo ni circunstancia de la vida pueda realmente afectarte. Ser el gobernante de tu propia consciencia es la verdadera realeza.
La mayor ignorancia es creer que eres el cuerpo, porque no lo eres. Es como si pensaras que eres tu abrigo. El dolor que sufres cuando crees ser el cuerpo no es más que tu apego engañoso al cuerpo, que has cultivado desde que naciste. En el camino de Self-Realization recibimos técnicas especificas que nos ayudan a retirar la mente de la consciencia del cuerpo. Se nos enseña que si logras retirarte de la consciencia del cuerpo de tal manera que puedas percibirte separado de él —es decir, como un alma—, entonces verás resuelto el misterio de la vida.
El misterio de la vida se resuelve con la actitud correcta y el desapego.
Si no buscas a Dios, ¿de qué sirve esta vida? Por cada pequeña muestra de miel, recibes diez dosis de amargura. La vida en este mundo te da más bofetadas que caricias. Por eso hay más gente infeliz que feliz. Muy pocos pueden decir verdaderamente que son felices. En su corazón no son felices. A menos que aprendan a controlar su mente, siempre surge algo que los hace infelices.
Aunque las pruebas en esta vida son muchas, si te concentras en tus infortunios, descubrirás que cada vez son más difíciles de soportar. Pero si te concentras en lo bueno de las experiencias que te llegan, descubrirás que tu buena fortuna supera con creces tus pruebas. Con mucha facilidad permitimos que nuestras mentes se envenenen con nuestras experiencias y dificultades. Mediante la expresión consciente de la actitud correcta, aprende, en cambio, a dominar tu mente.
Por ejemplo, anoche, hasta las tres, estuve pensando en muchas cosas sobre el futuro de esta institución, y el Señor me dijo una y otra vez: «Te estoy poniendo a prueba». Respondí́: «Está bien, Señor. No me preocupa en absoluto». Esta mañana me doy cuenta de que han ocurrido más derrumbes y que se ha deshecho mucho trabajo. El daño causado en todas partes es tan grave como el nuestro. ¿Por qué vino esta prueba? Sé exactamente la causa.
Esta es mi actitud: Es como cuando unos niños juegan y llega un niño travieso y les rompe los juguetes. Los niños lloran y gritan: «¡Has destrozado mi casa de muñecas!». Pues bien, así́ es conmigo. He construido una casita de muñecas [el Templo del Loto Dorado], y Satanás llega, la patea y la rompe. ¿Por qué debería reaccionar como un niño enojado? Estas son las pequeñas pruebas de la vida. No son nada comparadas con lo que otros pueden estar pasando. Me da mayor calma, mayor alegría, mayor paz, hacer las cosas con total determinación, de modo que el Espíritu dentro de nosotros puede ser probado, pero nunca puede ser suprimido. Esa conciencia me ha dado la mayor calma y alegría, y nada puede arrebatármelas.
Ahora disfruto de la realeza. Estas pruebas no son nada. La paz de mi vida está al margen de todo lo que sucede a mi alrededor. Así́ es como he resuelto los misterios de la vida.
Debemos recordar siempre, en cada giro de la vida, que este es el drama de Dios. Este es el lila o juego de Dios: creación, preservación y destrucción. Participa en este espectáculo cósmico, pero aléjate de él. En cuanto le des crédito, estarás acabado.
Nunca pienses que tus fracasos te convierten en un fracaso. Todas nuestras faltas y errores, y las dificultades externas que puedan causar, son temporales; somos eternos. Es la actitud de victoria o fracaso que tenemos en nuestra mente la que determina si hemos sido verdaderamente victoriosos en la vida.
La victoria sobre las pruebas y dificultades de la vida se logra mediante una actitud de completo desapego interior del mundo: la identificación no con el cuerpo ni el entorno exterior, sino con tu Ser eterno, el alma. Porque este mundo no es lugar para forjar tus sueños de perfección. Vivo para que conserves la imagen de Dios en ti, para que no te pierdas en los tugurios de la materia.
Ahora bien, mientras te esfuerzas por alcanzar ese desapego, ¿cuál debería ser tu estado mental? ¿Debería ser siempre serio? En absoluto. Simplemente recuerda y afirma mentalmente: «Como una ola del océano he venido, y de vuelta al seno del océano iré́. Vine de Dios, vivo en la alegría, y en esa alegría un día me fundiré de nuevo». Ese es el ejemplo que los grandes maestros han dado de cómo comportarse ante la vida.
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