16 Abr Meditación: Una antigua panacea para nuestros desafíos modernos (1ª parte) -Entrevista con el Hermano Achalananda
Meditación: Una antigua panacea para nuestros desafíos modernos (1ª parte)
Entrevista con el Hermano Achalananda
Entrevistador: ¿Cuál considera que es el mayor problema que enfrenta la humanidad en el mundo actual?
Hermano Achalananda (BA): El mayor problema es que demasiadas personas se han olvidado de Dios. Es muy sencillo. Se han involucrado demasiado en la creación, con todos sus dispositivos tecnológicos y aparentes libertades.
Vivimos en una época muy difícil. Paramahansa Yogananda dijo que la era en la que vivimos es el período más peligroso del ciclo de la evolución planetaria, desde la era material baja hasta la era espiritual alta. Esto se debe a que estamos adquiriendo el poder de controlar la naturaleza y liberar sus grandes energías ocultas, pero no estamos progresando lo suficiente espiritualmente para usarlas adecuadamente. Un ejemplo de esto fue nuestra capacidad para crear la bomba atómica: aprendimos a aprovechar todo el poder que hay en un solo átomo, ¿y para qué lo usamos? Para hacer explotar a otras personas.
Sin embargo, también hay un lado muy esperanzador en la época en que vivimos, y es que la mayor comprensión de la energía que tenemos hoy en día, ha permitido la reintroducción de la antigua ciencia del Kriya Yoga, que se perdió para la humanidad durante siglos en la era material. He dicho a menudo que el Kriya Yoga, que nos capacita para interiorizar la energía, y de esa forma también la conciencia de los sentidos y dirigirla hacia el interior, es una poderosa tecnología interior que podemos usar para acelerar nuestro crecimiento espiritual. El creciente interés que despierta hoy en día ofrece una gran esperanza de que la humanidad aprenda a equilibrar el uso de la ciencia y la tecnología con el desarrollo espiritual.
Entrevistador: Como ministro de la SRF, usted ha aconsejado a muchísimos buscadores espirituales durante seis décadas. Basándose en esta experiencia, ¿cree que los desafíos que enfrentan los buscadores de hoy son muy diferentes a los que enfrentaban los de hace cincuenta años?
BA: Básicamente, los desafíos son los mismos; no creo que cambien realmente. Hay dos cosas que todas las personas del mundo buscan: ser felices y ser amadas. Es tan simple como eso. Pero la mayoría no sabe cómo alcanzar la felicidad y el amor. Por eso se ve tan poca felicidad y amor en el mundo hoy en día.
La meditación trae una gran sensación de felicidad y alegría interior. Una vez estaba dando una charla en un pequeño grupo de meditación, y uno de los devotos de SRF que estaba allí era de Alemania y había traído a dos amigos que también eran alemanes. Les explicó que yo era monje, y luego me contó que de camino a casa le habían dicho: «¿Estás seguro de que ese tío es monje? Parecía demasiado feliz para ser monje». Tenían el concepto de que, si tenías que renunciar a todos esos placeres externos de la vida, no podías ser feliz. Pero no se daban cuenta de que la renuncia no significa renunciar a todos los placeres de la vida; y segundo, si meditas y obtienes resultados de la meditación —sentir ese gran amor o dicha de Dios, o incluso simplemente algo de paz a veces—, eso es muy alentador y fuente de felicidad.
Pero algunos tienen la idea de que entrar en un monasterio implica una vida sombría. Incluso Yogananda, cuando entró por primera vez en el ashram de su gurú siendo joven, estaba tan serio y concentrado que Sri Yukteswarji le dijo un día con bastante énfasis: «¿Qué es esto? ¿Asistes a un funeral? ¿No sabes que encontrar a Dios es el funeral de todas las penas? Entonces, ¿por qué tan abatido? No te tomes la vida tan en serio». La meditación ayuda a concentrarse intensamente sin dejarse absorber por el drama externo. Así, resulta mucho más fácil amar a los demás.
Entrevistador: SRF promueve la meditación como la forma más importante y eficaz de lograr crecimiento espiritual. ¿Qué le responderías a alguien que pregunta: «¿Por qué meditar?»
BA: Les diría que deberían meditar porque puede ayudarles a lograr algo en su vida que no están consiguiendo sin la meditación: una mayor sensación de paz, más comprensión de sí mismos y también de los demás, y más comprensión de cómo funciona la creación y de cuál es el propósito de la vida. Pues si no entendemos eso, solemos cometer muchos errores.
¿Cuál es el propósito de la vida? El propósito de la vida es conocer a Dios. Ahora bien, ¿cuántas personas lo entienden? Muy pocas, probablemente. Y, sin embargo, Yogananda dice que ese es el verdadero propósito de la vida, porque eventualmente, como almas, tenemos que regresar al Espíritu, del cual provenimos. Podemos ir rápido o despacio, eso depende de nosotros. Paramahansaji enfatiza que la meditación es la forma más rápida de conocer a Dios.
Otra razón, muy práctica, para meditar: sea cual sea el trabajo que tengas que hacer, te ayudará a hacerlo mejor. Si estás tranquilo, si no dejas que tus emociones te dominen, puedes hacer mejor tu trabajo. Los beneficios que provienen de la meditación y del intento de avanzar espiritualmente también te hacen más eficaz en el plano de la actividad material.
Entrevistador: En tu experiencia, ¿cuál es el factor más importante para el éxito o el progreso en nuestra práctica de meditación?
BA: El factor importante en la práctica de la meditación es ser regular: meditar todos los días y simplemente mantener la constancia. Si empiezas a meditar y luego lo dejas y lo retomas periódicamente, ralentizas mucho tu progreso. Si quieres progresar medita todos los días.
No rendirse es fundamental. Por eso, cuando llegué al ashram, adopté como lema: «Sigue adelante, siguiendo hacia adelante». Nunca te rindas, pase lo que pase. Recházate a rendirte; di: «No, voy a perseverar. Voy a superar esto y seguir adelante». Tienes que estar muy concentrado en ello. Pensarlo superficialmente no funciona, porque llegarán las pruebas: tendrás la tentación de relajarte o abandonar la meditación porque parecerá que no progresas. Pero si sigues adelante intentándolo, saldrás de ese periodo de sequedad y repentinamente encontrarás que has alcanzado un estado más elevado de conciencia. Y entonces estará muy contento de haber perseverado.
Entrevistador: ¿Qué otras claves existen para tener éxito en la meditación?
BA: Existen algunas cosas que pueden ayudarnos para que nuestras meditaciones se vuelvan más profundas, y una de ellas es aprender a sentarse inmóvil cuando medites y no moverte: ponerte en una posición confortable y luego no moverte. Y, si puedes hacer esto, digamos por unos 45 minutos o así, encontrarás entonces que los sentidos se atenúan, de modo que ya no estás tan fuertemente conectado con la creación.
Cuando llegué al ashram, Sri Daya Mata [1914-2010], quien era la presidenta de SRF y una discípula exaltada de Paramahansa Yogananda, siempre les decía a los monjes que aprendiéramos a no movernos al meditar. Y, a pesar de eso, me tomó mucho tiempo empezar a tomarlo en serio o comenzar a intentarlo. Como mucha gente al principio no podía sentarme cinco minutos sin moverme.
Otra clave para profundizar en la meditación es concentrarse en el ojo espiritual [en el punto entre las cejas]. A veces ponía el dedo ahí para poder levantar la vista y saber exactamente dónde debía mirar, porque se supone que hay que mantener la vista alzada durante la meditación. Este es otro aspecto de las enseñanzas de la SRF que Daya Mata enfatizaba mucho a los monjes. Y yo descubrí que cuando aprendí a hacer eso era como si estuviera inmóvil: tan solo con ewlevar los ojos, poniendo nuestra atención en el ojo espiritual, nos ayuda a interiorizar la mente. Cuando los ojos bajan al nivel de mirar al frente, la mente se activa y uno se siente inquieto. Y cuando se inclinan más, de modo que miran hacia abajo, entonces tenderás a quedarte dormido.
Entrevistador: ¿Son compatibles las enseñanzas de SRF con la vida en el mundo actual?
BA: Las enseñanzas de SRF son compatibles con cualquier tipo de vida, y ciertamente con la vida actual. Pero, ¿son las personas compatibles con las enseñanzas? Tenemos que darle la vuelta a la pregunta. Las enseñanzas siempre son compatibles; te llevarán, como Paramahansa Yogananda dijo, tan lejos como quieras ir en autoconocimiento y progreso espiritual y finalmente a los estados más elevados de conciencia espiritual.
Y ciertamente puedo afirmar que, siguiendo estas enseñanzas durante tantos años, he logrado un gran progreso espiritual. Mi vida entera ha cambiado; me cuesta reconocer cómo era antes, cuando comencé este camino hace unos sesenta años. Recuerdo haber oído a Daya Mata decir eso mismo de sí misma hace muchos años, y ahora puedo decirlo yo también: me cuesta recordar cómo era antes.
Por ejemplo: cuando llegué al ashram, los monjes teníamos la costumbre de escribir anónimamente las cualidades positivas predominantes que veíamos en cada uno de nuestros hermanos monjes. Luego, estas se recopilaban y se publicaban para que todos las leyeran. Era una forma divertida de animarnos mutuamente y también de comprender cómo nos veían los demás. La frase «fuerza de voluntad» aparecía con frecuencia junto a mi nombre, y esta era una cualidad que siempre había tenido desde pequeño. No fue hasta más tarde que comencé a valorar y a cultivar conscientemente las cualidades de la humildad y el amor.
Desde hace muchos años me esfuerzo conscientemente por aprender a amar a todos, así yo les caiga bien o no. Esto implica aprender a aceptar a las personas tal como son, en lugar de intentar cambiarlas. He aprendido a centrarme en cambiar yo mismo, a decirme cada vez que surge una situación en la que alguien se comporta de forma desagradable: «¿Por qué dejo que su comportamiento me afecte? Mejor me centro en cómo reacciono yo».
¿Por qué estamos en el camino espiritual? Buscamos superar el ego para poder expresar el alma. Si nos enfocamos en transformarnos, nuestra perspectiva cambia por completo. Esto nos brinda algo positivo en lo que trabajar, en lugar de involucrarnos en algo negativo. La capacidad de hacer esto —al igual que la capacidad de amar incluso a quienes nos son antagónicos— se desarrolla gradualmente, a medida que realizamos un esfuerzo espiritual a lo largo de los años.
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