En el Abrazo de la Divina Madre – Hermano Chidananda

En el Abrazo de la Divina Madre – Hermano Chidananda

Sentado aquí en este entorno mágico, en este hermoso ashram, no puedo evitar sentir un gran amor por Gurudeva, por lo que trajo, especialmente aquí, a la ciudad de la Madre Divina a orillas del sagrado Ganges. Bajo la sombra del ashram de Gurudeva, uno siente que es muy fácil sumergirse, ir hacia adentro y experimentar esa presencia de la Divinidad. Vayan dentro y experimenten la Presencia de la Divinidad.

Ayer por la mañana dejamos Ranchi y nos dirigimos a Calcuta en avión, y al levantarme por la mañana y prepararme para venir, pensaba: “¡Ah, Calcuta, Calcuta!”. E inmediatamente brotó esta oración, este impulso, este regocijo de mi corazón: “¡Madre Divina, Madre Divina, Madre Divina!”. Y ahora nos sentamos aquí y percibimos, físicamente, que la hermosa corriente de la Madre Ganges, que fluye desde las alturas nevadas del Himalaya, a miles de millas de distancia, desde la morada de los yoguis, de los rishis, de los santos de miles y miles de años, está fluyendo a través de la India y llegando a este océano, aquí, en Calcuta. Es tan fácil sentir el abrazo de la Madre Divina.

Tómense un momento para experimentar, para sentir, que cada uno es Su hijo, que todos somos sus hijos. Sientan como Ella anhela tenernos de regreso en el redil de su amor, en el redil de su gozo, de su gracia. Esta mañana tuvimos la bendición de visitar el templo de Kali a tan solo unos pasos de aquí. La mayoría de ustedes han visitado ese santuario, ese poderoso… como dijo Gurudeva, “centro nuclear de poder espiritual”, sin duda uno de los más santos, uno de los más poderosos, en la Tierra. Y tener el darshan, tener unos momentos de meditación ante la imagen de la Madre Kali. Una oración muy poderosa, una urgencia, se despertó en mí. Sentí que mi corazón le decía a Ella: “Madre Divina, Madre Divina, disipa la oscuridad de la ilusión, de nuestros corazones y mentes. Disipa la oscuridad de mi corazón y de mi mente, de los corazones y mentes de todos los devotos de Gurudeva. Disipa la oscuridad de la ilusión de los corazones y mentes de toda la humanidad, para que puedan sentir tu amor. Permíteles sentir tu luz”. Y saben, cuando observan esa hermosa imagen antigua tallada de la Madre Kali y cuando oran por su luz, en un sentido, para un observador externo puede parecer extraño que su forma sea oscura, y que nosotros oremos: “Disipa la oscuridad de maya, la ilusión, disipa la oscuridad de la ignorancia”. Bien, hay muchas razones profundas, muchos simbolismos profundos detrás de ese icono, ese “murti”, esa imagen de la Madre Divina. Sin duda, uno de ellos es que Ella lucirá oscura, mientras tratemos de entenderla, mientras intentemos observarla y comunicarnos con Ella sólo a través de nuestros instrumentos externos, a través de nuestros sentidos, a través de nuestras mentes. Sí, entonces es oscura, pero sigue estando presente, aunque oscura a nuestras facultades superiores intuitivas aún dormidas que necesitan ser despertadas.

Ya conocen ese hermoso canto de Gurudeva. Él trató este punto. Y preguntaba, o repetía en el canto, cuan irónico era que la Madre Divina fuese representada de forma oscura. Recuerdan el canto que dice: “¿Quién dice que eres oscura?, ¿Quién dice que es oscura, Madre Mía, ¿tu faz? Miles de soles y lunas en tu Ser veo brillar”.

Se requiere de la luz de nuestras facultades intuitivas, despertadas por el yoga y la meditación, de nuestros instrumentos intuitivos de comprensión, para realmente comenzar a entrar en ese satsanga, entrar en comunión con la Madre, cuya forma parece oscura, pero cuya forma real existe en esa vibración superior de chidakasha, la luz de la conciencia, el súper éter, el éter bienaventurado, como dijo Guruji… sólo conocido por aquellos que practican meditación, solamente conocido por aquellos que se toman el tiempo y se comprometen a profundizar, para despertar esos instrumentos. Entonces, un día, un día, cada uno de nosotros será bendecido con ese darshan, que Gurudeva tan bellamente describió. ¿Lo recuerdan? En la “Autobiografía de un yogui”, él estaba orando a la Madre Divina. Oró una y otra vez, y luego la oscuridad en su interior, la angustia de no sentir la presencia de la Madre, de la Madre Divina, se disipó. Y él dijo: “Allí apareció Ella rodeada de un halo de esplendor. La Madre Divina se hallaba ante mí”. Rodeada de un halo de esplendor, la Madre Divina se hallaba ante mí. Saben, Guruji escribió estas cosas. Describió estas experiencias de toda su vida, su búsqueda y su sadhana como un devoto que aparentemente estaba despertando. Todo para nuestro beneficio, todo para enseñarnos, todo para darnos algo que podamos concebir, que podamos interiorizar en nuestras propias meditaciones, en nuestra propia búsqueda de Dios. Él no necesitaba nada de eso. Él nació liberado. Él resolvió todo eso muchas vidas atrás. Y aun así vino y, de una forma tan hermosa, no sólo interpretó el drama del discípulo, que busca, anhela y se esfuerza por alcanzar el contacto con Dios, y se esfuerza por encontrar un maestro iluminado, un gurú iluminado. No sólo desempeñó ese papel, sino que bellamente lo describió para la inmortalidad, de modo que en este texto sagrado de nuestra época: “Autobiografía de un yogui”, todos podemos sentir: “Sí, también hay esperanza para mí, existe un sendero que yo también puedo seguir”.

Así que aquí nos sentamos en el regazo de la Madre Divina, en su ciudad, cerca de su corriente viva de poder que fluye desde los Himalayas, disfrutando juntos este satsanga, sintiendo su presencia, sintiendo su amor. Cierren los ojos sólo por un momento, tomen ese pensamiento de Gurudeva: “¿Quién dice que es oscura, Madre mía, ¿tu faz?”. Porque por la gracia del Gurú, por la práctica de las técnicas de meditación, por nuestro propio anhelo devocional, perseverancia y continuidad, podemos apreciar, podemos visualizar, podemos sentir, ahora mismo. Visualicen, como dijo Guruji: “Rodeada de un halo de esplendor, la Madre Divina se hallaba ante mí. Su rostro, que sonreía tiernamente, era la personificación de la belleza misma”. Y como Ella dice a cada alma que viene a Sus pies: “¡Siempre te he amado! ¡Siempre te amaré!”.

Estos son algunos de los sentimientos, pensamientos y anhelos que hacen que este lugar, este sitio en Calcuta, sea siempre uno de los más queridos en mi corazón. Estoy tan emocionado de haber tenido la oportunidad de estar en este lugar sagrado con todos ustedes durante esta breve visita a la India.

 

Extracto de la Charla “Viviendo en la sagrada presencia de la Madre Divina”, dada por el Hermano Chidananda en 2017, en Calcuta.

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