VIJOYA MATA – EMBAJADORA DE AMOR Y SERVICIO DE YOGANANDA

VIJOYA MATA – EMBAJADORA DE AMOR Y SERVICIO DE YOGANANDA

VIJOYA MATA – Discípula directa – Embajadora de amor y servicio de Yogananda

VIJOYA MATA, ministro de Self-Realization Fellowship y fiel discípula de Paramahansa Yogananda durante más de cuarenta años, falleció el 2 de abril de 1992, a la edad de noventa años. Mukti Mata llevó a cabo el servicio conmemorativo de Vijoya Mata el 8 de abril de 1992, en la Sede International de Self-Realization Fellowship. Los siguientes son extractos de ese servicio.

Este es un momento de sentimientos encontrados para todos nosotros. Hay tristeza, porque ya no podemos disfrutar de la presencia física de nuestra querida Vijoya Mata. Al mismo tiempo, nos regocijamos con ella en su alegría ilimitada, porque su alma ahora está libre del sufrimiento corporal que tuvo que soportar en los últimos años, una carga que sobrellevó con su coraje habitual, fuerza de voluntad y energía indomable.

Vijoya Mata* nació en Wisconsin el 3 de noviembre de 1901. Sus padres eran de Noruega y ella heredó la resistencia y fortaleza de su pueblo. Su fe en Dios comenzó a una edad muy temprana. Si alguna vez estaba de mal humor o molesta por algo, su madre la sostenía en su regazo y le decía: «¿Qué pasa, cariño? ¿No sabes que siempre serás cuidada?» Estas palabras fueron su ancla durante toda la vida: su fe en que estaba siendo cuidada por la Madre Divina misma.

Vijoya Mata conoció a Paramahansa Yogananda cuando vivía en Phoenix; y poco después decidió convertirse en monja de la orden monástica de Self-Realization, ingresando al ashram de SRF en Encinitas el 31 de agosto de 1949.

 

Menú Café de revista SRF 1949

Cuando el Maestro visitaba Encinitas, escribía mensajes alentadores al núcleo de discípulos que administraban el restaurante que era parte del ashram de SRF en ese momento: Meera Mata, Vijoya Mata y otros. En uno de esos mensajes escribió: “Lo más importante es el espíritu con el que servís. Dios es nuestra meta. Todos estamos trabajando para Él y los Grandes Seres que lo declaran. Por favor, mantened ese alto ideal y servid a todos imparcialmente, como si estuvierais sirviendo a Dios que está presente en todos. Servir a las personas con sonrisas y buena comida es servir a Dios».

Vijoya Ma tomó todo esto literalmente. Trataba a todos con la misma cortesía y respeto, y nunca rechazaba a nadie, incluso si no estaba segura de que pudieran pagar su comida, e incluso si eso significaba abrir el restaurante nuevamente a altas horas de la noche después de la limpieza.

Una vez le preguntó al Maestro qué podía hacer para acelerar su evolución espiritual. Él pensó por un momento y luego dijo: «Sirve a SRF con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu alma». Y esto es justo lo que ella hizo.

El 19 de noviembre de 1949, Paramahansaji le escribió: “He estado muy contento desde que llegaste. Nadie puede venir a mí a menos que el Padre Celestial lo atraiga. Sé que Él te ha enviado aquí y te acepto como discípula de la Orden. Al principio buscamos la verdad de varias maneras, pero luego, cuando Dios envía un gurú, su búsqueda termina. Así que continúa en este trabajo con todo tu corazón y tu voluntad, con perfecta fe, y alcanzarás tu objetivo… Mantente en sintonía y yo podré hacer mucho por ti a través del Padre”.

Después de sus años de servicio en Encinitas, Vijoya Ma sirvió en el Centro Ashram de Hollywood; y luego aquí en Mount Washington, donde durante muchos años fue la principal anfitriona y consejera. Sabía escuchar, y estaba genuinamente preocupada por el bienestar de quienes acudían a ella en busca de asesoramiento. Ella amaba a la gente, y a cambio la gente la amaba. Le gustaba estar con la gente, pero no era sólo estar con la gente; ella quería hacer algo por ellos. Quería servirles.

Amaba cualquier trabajo que tuviera que hacer, y como resultado era buena en todo. Nada era demasiado grande o demasiado pequeño. Incluso cuando finalmente no pudo hacer otra cosa que recortar y doblar paños viejos para uso de mantenimiento, realizó su pequeña tarea con el mismo cuidado y atención amorosa con la que recibía a los invitados del Maestro. Uno de mis últimos recuerdos de ella es que estaba de pie en la cocina, y ya no le resultaba tan fácil caminar, ¡fregando ollas y sartenes afanosamente y con mucho entusiasmo! Nada escapaba a la atención completa de Vijoya Ma. Para ella, no había medias tintas en el campo de la actividad.

Durante un período de convalecencia, le escribió a otra de las monjas: «Espero que tengas algo de trabajo para mí… Estoy recuperando algo más de destreza con los dedos, pero todavía no puedo escribir mucho, al menos en la máquina de escribir que tengo. Creo que lo que tengo que hacer es volver a las lecciones básicas de mecanografía. Tenemos tales libros aquí, estoy segura». ¡Tenía entonces más de ochenta años!

Nuestra amada presidenta, Sri Daya Mata, escribió un homenaje apropiado a Vijoya Ma, en el que dijo: “No podemos pensar en ella sin ver su brillante sonrisa, su dedicación en hacer el bien por el Maestro. Ella era su embajadora del amor, sembrando semillas de amabilidad en todos los que conocía. A través de los muchos, muchos años aquí, sirvió con un fiel amor y disposición sin parangón. Estas cualidades y muchas otras las expresó con tranquila dignidad, y al hacerlo, nos deja una impresión duradera de la verdadera espiritualidad y de lo que significa ser un discípulo ejemplar de nuestro bendito Maestro… Les insto a todos a seguir su ejemplo, para que sus vidas reflejen, como lo hizo la de ella, el sublime amor y la sabiduría de nuestro Gurú».

Vijoya Mata tenía una actitud verdaderamente hermosa hacia el cuerpo y sus sufrimientos. Hace muchos años, cuando estaba pasando por alguna dificultad, le escribió a Gurudeva: “Usted me preguntó si tenía miedo de alguna enfermedad, y le dije que no… si hay algo mal, haré lo que sea necesario; y sin importar lo que resulte, aceptaré las consecuencias. No tengo miedo al dolor. No le temo a la muerte… Si sucediera algo muy malo, por favor, querido Señor, no lo tome sobre usted. No quiero causarle más dolor y sufrimiento del que ya ha tenido**. Sé que me dará la fuerza para soportarlo. Eso es todo lo que pido. Mientras tanto, lo estoy pasando muy bien. Estoy bajo las alas de Dios, ¿qué más se puede pedir?

Que estas hermosas palabras nos recuerden a todos nuestra verdadera naturaleza. Porque no somos cuerpos físicos; sino más bien, somos almas inmortales y felices hechas a imagen de Dios. De Él hemos venido y un día volveremos a Él. Nuestra amada Vijoya Ma es libre nuevamente en Él. Ella recibe y se beneficia de nuestros pensamientos amorosos; así que sigamos enviándole nuestra buena voluntad, nuestra amistad eterna y nuestro amor. Que las bendiciones de Dios la rodeen siempre; y atraigan también a cada uno de nosotros la realización de nuestra propia divinidad en Dios.

 

* «Vijoya Mata» es un nombre monástico que se le dio cuando ella hizo sus votos finales en noviembre de 1957. «Vijoya» significa «victoria» o «la que vence». «Mata» significa «madre».

** Al ayudar a aliviar la carga kármica de los discípulos, un Gurú a veces quema en su propio cuerpo algo del karma de ellos. En su amor compasivo, Paramahansaji alivió de esta manera la carga de muchos discípulos. Después de observar esto, Vijoya Mata se apresuró a asegurarle al Maestro que no quería que transfiriera sobre si nada de su sufrimiento.

 

Revista SRF, verano 1992

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