HISTORIAS PERSONALES DE PARAMAHANSAJI (1) – POR EL DR. LEWIS

HISTORIAS PERSONALES DE PARAMAHANSAJI (1) – POR EL DR. LEWIS

Historias personales de Paramahansaji – por el Dr. Lewis

El Dr. M.W. Lewis, fue uno de los primeros discípulos de Paramahansa Yogananda en Estados Unidos. De la charla en la que cuenta algunas de sus primeras experiencias personales con el Gurú, sólo vamos a exponer ahora aquella en la que el Gurú lo salvó de una terrible tormenta.

El Gurú salva al Dr. Lewis de una terrible tormenta

El próximo incidente que quiero relatarles es quizás uno de los acontecimientos más asombrosos en mi relación con el Maestro. Creo firmemente que fue a través de su intervención que estoy aquí en este momento contando estas historias.

Sucedió una calurosa tarde de domingo en julio de 1921. Habíamos ido a la casa de verano de mi padre en Plymouth Bay, de hecho, en Duxbury, Massachusetts, y habíamos salido en un bote pequeño, tres de nosotros, mi padre, mi hermano, y yo mismo. Estábamos a unas dos millas de la costa cuando se hizo bastante evidente que estaba a punto de estallar una borrasca muy fuerte. El cielo tenía un aspecto muy premonitorio y en el noroeste se habían comenzado a oír enormes truenos. Luego, la oscuridad comenzó a asentarse en esa región. El viento se había calmado y, al ver nuestra situación, comenzamos a remar de regreso hacia la orilla. El bote no era demasiado grande para que dos, uno con cada remo, pudiera avanzar. Pero así remamos como locos en dirección a casa.

No pudimos llegar a la orilla, ya que estábamos a media milla de la costa, cuando estalló esa terrible tormenta. Por suerte teníamos un ancla enorme, que arrojamos con una gran cuerda, pero a pesar de eso, a menos que hubiera habido alguna intervención, sé que no hubiéramos sobrevivido a tal viento, lluvia, granizo, truenos y relámpagos. Recuerdo que mientras miraba por debajo de la lona que sosteníamos sobre la cabina del piloto, me preguntaba cómo sería cuando llegara el final.

Y luego recordé a la familia, a los niños, que parecieron en mi conciencia y la idea de dejarlos. Y luego vino el pensamiento del Maestro. Acabábamos de comenzar una relación espiritual tan maravillosa, y ahora eso tenía que terminar. Y recuerdo que sentí una aguda punzada en mi corazón cuando esas cosas surgieron en mi conciencia. Y luego recordé las palabras del Maestro. Él había dicho, no mucho antes de eso: “Recuerda Doctor, cuando estés en la vibración de Om, cuando tu conciencia esté centrada en el Centro Crístico en la frente, y te fusiones en esa vibración de Om, no existe nada que pueda hacerte daño». Y entonces elevé mis ojos y miré allí donde me había dicho, y contemplé una Gran Luz, una Gran Luz. La forma de un gran Ojo Espiritual vino, y justo en medio esa estrella, y con ello descendió sobre mí tal conciencia de paz y seguridad que supe que nada podía tocarme. A su debido tiempo, estalló la tormenta, pero una gran lancha había salido para rescatarnos y remolcarnos a tierra. Hubo un gran regocijo.

Toda la colonia se había reunido en la orilla por temor a que hubiéramos podido morir. Así que hubo gran regocijo al volver a reunirnos. El resto del día lo pasé en la casa de mi padre. Ya tarde, esa noche, regresé a mi propia casa en Somerville, Massachusetts. Y justo cuando entré por la puerta, sonó el teléfono. Respondí, y la voz del Maestro me dijo: «Bueno, doctor, hoy estuvo a punto de mojarse, ¿no es así?». Por supuesto, no comprendí ni me di cuenta de lo que quería decir con esas palabras hasta la segunda vez que las dijo. Entonces me di cuenta de que debía saber algo de lo que había sucedido, aunque nunca dijo una palabra más al respecto.

No fue hasta varios años después, cuando casualmente estaba hablando con la Hermana Yogamata, quien, por cierto, fue la primera Hermana ordenada en América, en Boston, pues resulta que estaba hablando con ella, y me dijo que, en ese preciso momento, alrededor de las 3:15 de la tarde de ese domingo, varios años antes, el Maestro y ella estaban sentados en el salón. Él estaba leyendo el ensayo de Emerson sobre el mar, cuando, de repente él tiró el libro, se puso de pie de un salto y comenzó a caminar por el piso diciendo: “Hermana, el Doctor está en apuros, problemas serios, en problemas serios, te digo».

Bueno, cuando me enteré de eso, en la primera oportunidad que tuve no dejé que el Maestro se escapara, por así decirlo, y por fin logré que admitiera que él había visto exactamente lo que estaba sucediendo. Y esta historia muestra que un verdadero Maestro, como Paramahansa Yogananda, es sin duda uno con la Omnisciencia de Dios. Y así como Su Omnisciencia conoce todas las cosas, ve todas las cosas, así aquel que es uno con esa Omnisciencia también puede ser consciente de todas las cosas que están sucediendo.

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