HERMANO CHIDANANDA, DE KARMA Y REENCARNACIÓN

HERMANO CHIDANANDA, DE KARMA Y REENCARNACIÓN

HNO. CHIDANANDA, de «Karma y Reencarnación»

Santa Teresa de Lisieux dice: «Dios es ciego y no puede contar. Su amor por nosotros lo vuelve positivamente ciego y no sumará nuestros errores, ¡porque no sabe de aritmética!»

“Aquel a quien tomaste por esposo es la perfección de la perfección; sin embargo, tiene una gran enfermedad, si me atrevo a decirlo: ¡es ciego! ¡Y hay una cosa que no sabe, y es la aritmética! Si pudiera ver y calcular correctamente, nuestros pecados seguramente lo obligarían a aniquilarnos; pero en cambio su amor por nosotros lo vuelve positivamente ciego…. Pero para producir esta ceguera y evitar que haga una simple suma adicional debes saber cómo capturar su corazón…. Ese es su lado débil. No se debe aprovechar esta debilidad divina para pecar con impunidad; pero si se comete un pecado, entonces se le debe confesar con confianza y generosidad amorosa, y luego se debe olvidar, cuando él también lo olvide». ~ Santa Teresa de Lisieux

El Hermano reflexiona sobre estas virtudes

Pero debemos hacer nuestra parte. Daya Mata contó una vez una experiencia que tuvo cuando era niña. Estaba con una amiga en una tienda departamental y notó que su amiga había robado un anillo. Daya Mata advirtió a su amiga: «¡Eso no está bien!» a lo que la amiga respondió: «Oh, no te preocupes. Iré a confesarme pronto y todo estará arreglado». Esa no es la forma en que funciona la ley del karma.

Cómo el Gurú hizo que el Hermano volviera de Ranchi

Para ilustrar esto, el Hermano [Chidananda] contó una experiencia que tuvo cuando era más joven. Había viajado a la India con un grupo de amigos con la intención de hacer una excursión por el Himalaya. Ya era un devoto, así que en el camino se detuvo en Ranchi para hacer una visita. Se enamoró de la vida allí en el ashram y decidió quedarse, mientras sus amigos partían para realizar su caminata en el Himalaya.

A medida que pasaban las semanas, le gustaba tanto estar allí que decidió que nunca se iría.

Entonces, un día se enfermó, se puso muy enfermo, con disentería. A medida que pasaba el tiempo, su salud siguió debilitándose y comenzó a temer que podría tener que dejar Ranchi para recuperar su salud. En un intento por obtener orientación sobre la difícil elección que tenía que tomar, visitó a un sabio. El sabio leyó su palma y predijo que regresaría a América.

Aún estaba confundido e inseguro, porque la idea de dejar Ranchi le rompía el corazón. Una noche, su intensa angustia mental lo llevó a irrumpir en la habitación del Maestro (que ahora es un santuario), sentarse sin siquiera mirar donde estaba sentado y meditar con una determinación de hierro de no irse hasta tener una respuesta del Maestro. Meditó y meditó, y de repente se le ocurrió la respuesta: debería regresar a América. La respuesta le alivió por completo todas las dudas y la ansiedad que habían plagado su mente. ¡Una profunda meditación lo había cambiado!

Un final divertido para esta historia: Después, mientras oraba y le daba gracias al Maestro, escuchó la voz del Gurú tan clara como si estuviera de pie junto a él, y con su acento bengalí, el Maestro dijo: “Muy bien, ¡bájate ya de mi cama!» El hermano miró hacia abajo y sólo entonces se dio cuenta de que había estado meditando en la cama del Gurú, lo que en la India se considera casi un sacrilegio.

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