El Juicio Final y ‘Salvados por Jesús’, una historia real – Hermano Brahmananda

El Juicio Final y ‘Salvados por Jesús’, una historia real – Hermano Brahmananda

El juicio final

En La Segunda Venida de Cristo (pág. 92 Volumen II), el Maestro escribe sobre el juicio final y dice que la mente supraconsciente nunca olvida nada de lo que uno haya hecho:

“En el momento de la muerte, cuando la fuerza vital y la conciencia se retiran a la columna vertebral y al cerebro para abandonar el cuerpo mortal, se activan los “registros” kármicos condensados de cada acto, pensamiento, sentimiento y deseo desde la infancia y se hacen visibles. En un instante, al alma se le presenta una revisión de toda esa encarnación: todo el bien y todo el mal que esa persona ha hecho, pese a que pueda haberlos «olvidado» por completo. Al ver la suma total del uso que ha hecho de esa encarnación, el moribundo se siente abrumado por una combinación concentrada de sus sentimientos y deseos predominantes. Si ha llevado una vida básicamente buena, tendrá conciencia de felicidad o satisfacción; si el principal “logro” de su vida ha sido causarse dolor a sí mismo o a otros, su mente se verá invadida por un gran remordimiento o culpa. La impresión predominante – ya sea fuertemente positiva o negativa o en algún punto intermedio – creada por esta revisión de vida es el “juicio” que determina adónde irá en el interludio astral entre encarnaciones, así como las condiciones de su renacimiento en un cuerpo físico”.

 

Salvado por Jesús – Una historia real

Hay una historia real muy conocida sobre un hombre llamado Howard Storm, quien, en 1985, mientras estaba en París con su esposa, de repente sintió un dolor abdominal agudo, como si le hubieran disparado. Lo llevaron de urgencia al hospital con un dolor tremendo, pero debido a la falta de personal en el hospital no recibió atención inmediata. Resultó que se le había perforado el duodeno. Después de un tiempo, comenzó a sentir que la muerte estaba cerca y, para su sorpresa, pronto se sintió de pie al lado de su cama mirando su cuerpo tendido en la cama.

Su primera reacción fue: “¡Esto es una locura! No puedo estar aquí mirándome a mí mismo. Esto no es posible. Esto tiene que ser un sueño”. Pero al mismo tiempo era extrañamente consciente de que se sentía más alerta, más consciente, más vivo de lo que se había sentido jamás en toda su vida. Todos sus sentidos eran extremadamente agudos y todo se sentía hormigueante y vivo.

Entonces empezó a oír voces y vio formas de criaturas malévolas burlándose de él, mordiéndolo, desgarrando su carne astral. Estaba aterrorizado. En su vida mortal siempre había sido un escéptico, pero ahora escuchó una voz interior que decía: “¡¡Ora a Dios, ora a Dios!!” Su mente respondió: “Yo no oro. ¡No sé rezar!” Lo único que se le ocurrió para orar fue el salmo 23 y el juramento a la bandera. (Risas)

Entonces sucedió algo de lo más inusual. Escuchó muy claramente, en su propia voz, algo que había aprendido en la escuela dominical: era la cancioncita, “Jesús me ama, sí lo sé…” y eso se repetía. De repente quiso creer lo que estaba sucediendo, y al no tener nada más, quiso aferrarse a ese pensamiento. Por dentro, gritó: «¡Jesús, por favor sálvame!».

De repente vio, en algún lugar de la oscuridad, una pequeña estrella. Sin saber qué era, supuso que debía ser un cometa o un meteoro, porque se movía rápidamente. Entonces se dio cuenta de que venía hacia él. Se estaba volviendo muy brillante, rápidamente. Su brillante resplandor se derramó sobre él y fue elevado. La luz le transmitió que lo amaba de una manera que nunca había imaginado que el amor pudiera ser posible. Estaba en un campo concentrado de energía, radiante en un esplendor indescriptible, más amoroso de lo que uno pueda imaginar. Sabía que estaba en presencia de Jesús y los ángeles.

Darse cuenta de todo ese esplendor lo hizo muy consciente de su humilde condición y dijo: “No pertenezco aquí”. “Oh, sí”, fue la respuesta, “Nosotros no cometemos errores”. (Risas) Le hicieron un repaso de toda su vida, sintiendo siempre un tremendo amor incondicional. Luego volvió al cuerpo. Los médicos lo habían operado con éxito. De regreso a su casa en Kentucky, fue a la iglesia y vio cientos de ángeles dorados agrupados en el techo, brillando con luz mientras el coro cantaba.

Al resumir su experiencia, Howard escribió: “Dios nos ama a cada uno de nosotros más de lo que podamos imaginar. Él nos ama tal como somos, pero nos da la opción de aceptar ese amor o alejarnos de él. Simplemente está esperando que cada uno de nosotros digamos que sí. Suena muy simple esta idea de que Dios es amor y que Él quiere que nos demos cuenta de ello por nuestra cuenta. Pero creo que es la verdad más desafiante e importante que existe. Comparado con eso, nada más importa”.

Notas de devotos.

Hay vídeos de Howard Storm en YouTube, p.e.:

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