DESPERTANDO LA DIVINA FUERZA DE VOLUNTAD DEL ALMA

DESPERTANDO LA DIVINA FUERZA DE VOLUNTAD DEL ALMA

Despertando la Divina Fuerza de Voluntad del Alma

Otra de las causas fundamentales del sufrimiento, que permite que la ignorancia gobierne nuestra vida, es la falta de fuerza de voluntad, no usar la voluntad que divinamente nos ha sido dada y que está presente en cada alma. Nuestro Gurú enfatizaba no sólo la fuerza de voluntad para hacer lo que debes hacer, sino que también acuñó la frase «el poder del no» – el poder de impedirte hacer aquellas cosas que no debes hacer. Él enseñó (y demostró en su propia vida) que cada ser humano, al estar hecho a imagen de Dios, tiene dentro de sí una chispa de la voluntad infinita de Dios. Podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos si estamos en sintonía con esa voluntad de la Divinidad.

Así que, además de «me gusta esto» y «no me gusta aquello«, otras dos palabras que el Maestro nunca nos permitió decir fueron: «No puedo«. Siempre que nos pedía que hiciéramos algo, jamás dijo: «¿Sabes hacer esto?» o «¿Puedes hacer esto?»Simplemente nos asignaba una tarea y decía: «Haz esto«. Y nuestra respuesta era siempre, «Sí, Maestro«. Después era tarea nuestra averiguar cómo lo podríamos hacer.

Hubo muchas maneras en las que nos enseñó a desarrollar la fuerza de voluntad. Yo todavía iba a la escuela cuando conocí al Maestro, y terminé los últimos tres años de estudios en una escuela pública en Encinitas mientras vivía en el ashram. Fue difícil para mí porque quería quedarme con el Maestro, para servirle durante todo el día. En ese tiempo él viajaba frecuentemente entre Mt. Washington y Encinitas para dar charlas en nuestros templos en San Diego y Los Ángeles, y yo quería poder viajar con él – pero no, tenía que ir a la escuela. Había varios devotos en la escuela en ese momento, y él esperaba que todos nos esforzáramos por obtener las mejores notas en nuestras clases. Solía decir que, si la gente en el mundo puede tener la ambición de llegar a la cima, por qué no deberían aquellos que aman a Dios expresar en sus vidas los más elevados ideales, los más altos logros. «Lo que vale la pena hacer, vale la pena hacerlo bien« nos decía.

En una ocasión, Gurudeva invitó a los devotos del ashram de Encinitas a ir a Los Ángeles para asistir a una gran función allí. Se volvió hacia mí y me dijo: «Tienes tus exámenes que empiezan al día siguiente y son muy importantes. Debes quedarte en casa y estudiar«.

Tenía el corazón roto. Dije, «Pero Maestro, por favor déjeme ir. Si lo hace, después de que la función termine, le prometo que me quedaré despierta toda la noche para estudiar. Cuando volvamos a Encinitas por la mañana, iré directamente a la escuela. Pero pasaré toda la noche estudiando«.

El Maestro me miró un instante, y dijo, “De acuerdo, puedes venir”. Así que fuimos a Los Ángeles y pudimos asistir a la función en la ciudad, después nos dirigimos a Mother Center. Era muy tarde cuando llegamos allí, por lo menos la una en punto. Me fui a mi habitación en el piso de arriba. El Maestro se quedó en el piso de abajo hablando con algunos de los monjes. Yo sabía que si me quedaba sentada me quedaría dormida. Pensé, “No, he prometido al Maestro que estaría toda la noche estudiando para mi examen”. Así que me puse de pie, y me apoyé contra la pared con el libro en mi mano, estudiando.

Debían ser alrededor de las tres de la madrugada cuando el Maestro subió al piso de arriba. Llamó a la puerta, y cuando la abrió me vio de pie allí, estudiando. Me dijo: “¡Oh, pobrecita! Es tan tarde, que necesitas descansar. ¿Por qué no te retiras ahora? Retírate y descansa un poco«.

Pensé: «Qué bien. El Maestro me va a liberar de la promesa que le hice«. Entonces pensé, «Bueno, debo hacer mi parte. No debo ceder tan fácilmente; debo asegurarle que estoy dispuesta a cumplir mi promesa«.

No, Maestro”, dije “Le prometí que pasaría el resto de la noche levantada y estudiando si me dejaba venir” Estaba pensando “Seguro que ahora va a decir: ‘No, está bien; descansa un poco ahora’. Pero me miró y dijo: “Está bien”. Cerró la puerta y se fue.

Pasé el resto de la noche repasando mis tareas escolares muy concienzudamente. Al día siguiente cuando hice el examen, a través de las bendiciones del Maestro y mi propio esfuerzo, mi fuerza de voluntad, recibí la calificación más alta de la clase.

De esta manera, Guruji nos entrenó para no ceder a las debilidades humanas del cuerpo. Si veía que nos volvíamos descuidados, comentaba con fuerza, «¿Qué es esto?» con ese tono de voz que hacía que nos irguiéramos inmediatamente. Era para recordarnos lo que nos enseñaba: «En tu dedo meñique, tienes suficiente energía – atómica, eléctrica, divina – si la liberases, como para iluminar la ciudad de Chicago durante tres días. ¿Y dices que estás cansado? ¿O que no puedes hacer esto o aquello? La voluntad es la dinamo que usa esta energía, este potencial infinito de Dios dentro de ti«.

El propio Maestro era infatigable. Nunca parecía cansarse. Servía sin tener en cuenta su cuerpo, a todas horas del día y de la noche. No conocía el tiempo. Lo máximo que le vimos descansar fueron tres o cuatro horas por la noche. Incluso durante ese tiempo, no dormía de manera normal. El solía decir: «Ustedes creen que me voy a la cama y me duermo. Pero soy elevado en la Conciencia Infinita«.

Aquellos que estábamos sirviendo con el Maestro, teníamos que servir al mismo ritmo. Era un gran ejercicio de nuestra fuerza de voluntad. A veces servíamos veinte horas al día, o incluso las veinticuatro horas del día. Fue una maravillosa demostración en nuestras vidas de cómo el poder de Dios sostiene el cuerpo y la mente de quien sirve con voluntad y con la conciencia de Su presencia.

No es necesario vivir en un ashram para aplicar este principio. Dondequiera que uno esté, su vida puede estar imbuida de esta conciencia: «De Dios he venido. Vivo gracias al poder directo de Dios. Mi voluntad, mi vida, mi vitalidad, no son más que un diminuto préstamo de ese infinito poder de Dios. Por lo tanto, pienso en Él, lo recuerdo, mientras me hago cargo de todos los deberes de la vida, cumpliendo con lo que las circunstancias de mi vida requieran. Reconozco ese infinito poder de Dios dentro de mí y fluyendo a través de mí, respirando a través de mi aliento, sirviendo a través de mis manos, pensando a través de mis pensamientos. Y finalmente, en ese Dios infinito me fundiré de nuevo después de que este pequeño cuerpo mortal haya cumplido su parte en la vida«.

A través de todas estas lecciones, el Gurú nos estaba enseñando: Aprende a despertar el poder divino que está dentro de ti para ayudarte a superar la sugerencia engañosa de la ignorancia o la limitación, que dice, «Soy este pequeño cuerpo; siento este dolor, siento esta enfermedad. Mi cuerpo no puede hacer esto porque está sufriendo. Mi cuerpo tiene que tener ropa de abrigo porque hace frío. Mi cuerpo tiene que tener un cierto tipo de comida porque tengo un problema en el estómago«. Recuerden, la mente y la voluntad son el asiento del poder de Dios dentro de ustedes. Ejerzan ese poder divino. Háganlo fuerte y más fuerte haciendo uso de él, y verán cuán real se vuelve en sus vidas.

 

Fragmentos de un Satsanga ofrecido por Sri Minalini Mata en Auckland durante una visita a los centros de SRF en Australia y Nueva Zelanda en 1966, 2ª parte.

Self-Realization Magazine Spring  2012

 

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