ABRIRSE AL AMOR DE DIOS (EXTRACTO) – POR EL HERMANO ANANDAMOY

ABRIRSE AL AMOR DE DIOS (EXTRACTO) – POR EL HERMANO ANANDAMOY

Quiero repasar con ustedes unos cuantos puntos de las enseñanzas del Maestro, porque he descubierto que lleva tiempo aprender, aprender de verdad. Y cuanto más aprendemos, más comprendemos, y más aprovechamos, ¿verdad? Así pues, el primero de ellos sería un concepto de Dios, un concepto de Dios con el que nos sintamos cómodos. Suena extraño, ¿no? Pero antes les contaré una anécdota.

Fue hace varios años. Uno de los monjes se estaba entrevistando con unos miembros laicos (grababan un vídeo), y entre ellos había una niña de la Escuela Dominical, de unos 6 o 7 años. En el curso de la conversación la niña dijo: «¡Dios me ama!», y el monje le preguntó: «¿Y tú cómo sabes que Dios te ama?». Ella afirmó: «Dios ama a todo el mundo». Y añadió: «Dios ama a los buenos, y Dios ama a los malos. ¡Incluso a usted!». Y así fue cómo una niñita de la Escuela Dominical se cargó a un ministro.

Ahora yo les pregunto: ¿Creen ustedes que Dios los ama? ¿Sí? ¿Lo creen? Me alegro mucho de oírlo, porque ustedes son seres humanos…; los seres humanos cometemos errores y, aunque cometamos errores, ¿nos sigue amando Dios? ¿Sí? ¡Oh! ¡Me alegra tremendamente oírlo! Porque…, esto fue lo que pasó hace ya unos cuantos años, un hombre me llamó por teléfono y me aseguró: «He cometido un tremendo error. Me siento tan mal que ni siquiera soy capaz de mirar el retrato del Maestro». No me explicó qué había hecho, y tampoco yo le pregunté, pero le dije: «¡No, no, no! Ahora es cuando usted necesita al Maestro más que nunca. Mire su foto. Háblele. Él le entiende y le ayudará». En ese momento, la llamada se cortó. Quizás colgó él…, no sé… Como yo no había oído bien el nombre de la persona, no pude volver a llamarle, y lo sentí mucho.

Y con esto volvemos al concepto de Dios. Por eso es por lo que hemos de tener un concepto de Dios, con el que realmente nos sintamos cómodos, con el que realmente nos sintamos amados. Recuerdo que, cuando era niño, oía historias sobre las almas que ardían en el infierno para siempre jamás. A partir de entonces me resultó imposible amar a Dios. Pensaba que ese Dios era un monstruo…, y así, hasta que conocí al Maestro y vi en él la increíble compasión que tenía, su amor incondicional. Y yo había leído que un santo hindú de la India había dicho: «Quien ha visto a un avatar, ha visto a Dios». De modo que, cuando vi al Maestro y su increíble amor, me dije: «Ése es el Dios al que yo puedo amar».

Voy a darles una cita del Maestro sobre los que hacen el mal. No se refiere a las personas corrientes que a veces cometen errores, sino a la gente mala de verdad. Pues bien, lo que dijo fue: «Incluso las personas malas son hijos de Dios, y son amados por Él tan encarecidamente como lo son ustedes. Se han descarriado, y Dios quiere intensamente traerlos de vuelta al redil». Eso es amor incondicional, ¿no les parece?

Hace algún tiempo se me acercó una señora, a la que yo no había visto nunca, y me contó que acababa de asistir a la Convención. Y me dijo que, al entrar en esta sala, donde están ustedes sentados ahora, al ver al público aquí sentado, pensó. «Aquí estoy yo, la única pecadora… ¡entre 4.000 santos!» (risas de los devotos). Eso es lo que yo hice exactamente: echarme a reír. No porque me burle de los pecadores, ¿eh?, sino porque aquella señora era en verdad una persona muy buena. No podía imaginarme que fuera capaz de afirmar algo así. De modo que le dije: «No vuelva usted a decir nunca nada semejante».

El Maestro era muy estricto, muy estricto en esto: NO a los pensamientos negativos acerca de uno mismo. ¿Por qué es esto tan importante? Porque bloquea la devoción. Como aquel hombre que no podía volver a mirar la fotografía del Maestro porque había cometido muchos errores… Bloquean la devoción

En el plano humano, en el plano mortal … la gente está desempeñando diferentes papeles. Algunos están desempeñando papeles importantes y otros están jugando papeles pequeños. Pero en el plano espiritual no es así. Las almas son todas iguales. No hay almas grandes y almas pequeñas (muchas risas). Y eso tienen que recordarlo cuando les dé la próxima cita.

El Maestro dijo: “Dios te ama”, ahora tómenlo como algo personal, esto es para cada uno de ustedes, “Dios te ama a ti, Su Hijo, tanto como ama a Jesús”.

Y es por eso que tienen que pensar, todos somos del mismo tamaño de alma. Si piensas en el papel externo y escuchas esa cita, «Dios te ama tanto como a Jesús, dices: “De ninguna manera», ¿no es así? (risas) Pero si piensas que todos somos almas y todos somos hijos de Dios, finalmente aceptarás que Dios te ama tanto como ama a Jesús.

Ahora, quiero que te lo lleves a casa, no lo olvides. Y cuando realmente lo absorbas, nunca volverás a ser el mismo. Créeme, nunca volverás a ser el mismo. Y ahora para que no te olvides te doy unos deberes. (risas) No es mucho trabajo, no lleva mucho tiempo, es muy simple. Escribe, en una hoja de papel, esa cita: «Dios te ama a ti, Su Hijo, tanto como ama a Jesús». Luego pones ese pedacito de papel, lo pones en la esquina de tu espejo favorito, ¿eh? (risas) Y luego, cada vez que te miras al espejo y ves tu rostro, dices … «Yo soy el alma, soy un hijo de Dios». Y luego vuelves a leer esa cita: «Dios te ama a ti Su Hijo tanto como ama a Jesús».

Y sigue haciéndolo todos los días, eso cambiará tu vida. Y cambiará tus meditaciones. Cambiará tus meditaciones… Primero practicas las técnicas, para calmarte, interiorizas tu energía, interiorizas tu conciencia, y LUEGO comienza la meditación real. Entonces estás con Dios, estás en la presencia de Dios. Y luego, ámalo, ámalo, ama a Aquel que te ama más allá de tu imaginación. Como dijo un santo: “Abandónate en los brazos del Amor. Abandónate en los brazos del Amor». Recuerda cuánto te ama Dios, más allá de tu imaginación.

Y sigue haciéndolo así, todos los días. Y exteriormente sigue desempeñando tu papel en el espectáculo de Halloween de la Divina Madre (muchas risas). Pero interiormente recuerda que eres un hijo de Dios. Interiormente recuerda, eres un hijo de Dios. Sigue haciendo tu tarea, no lo olvides.

¡Jai Guru!

 

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