El poder de la actitud correcta (1ª parte) – por el Dr. M.W. Lewis

El poder de la actitud correcta (1ª parte) – por el Dr. M.W. Lewis

San Diego, 20 de octubre de 1957

El tema de esta mañana es: «El poder de la actitud correcta».

Alguien dijo: «Ese es un tema poco interesante». Supongo que, si el tema hubiera sido «cómo ganar cien mil dólares y no perderlos» o «cómo encontrar a tu pareja, permanecer casado y vivir felizmente casado para siempre», este lugar estaría lleno hoy. Pero en este tema vas a encontrar algo —si puedes concebirlo o percibirlo— que es mucho más grande que esos dos temas que he mencionado. Ahora, escuchen con atención; recibamos la lección que el Maestro nos ha dado al tratar este tema: «El poder de la actitud correcta».

El poder de tu actitud correcta te llevará a actuar de tal manera que conozcas la Verdad Suprema, que es la meta de la vida. ¿Te das cuenta de eso? Sabrás por qué estás aquí, adónde vas y cuál es tu recompensa si procedes con la actitud correcta y actúas adecuadamente; conocerás la Verdad Suprema de la existencia, la meta de la vida. Sabrás lo que realmente somos, o lo que tú realmente eres. No como dijo el caballo —¿cómo era?: «un saco de huesos y un mechón de pelo», o algo así. ¡Eso no! ¿Pero qué eres tú? ¿Qué es cada uno de nosotros? En los Salmos se dice: «Vosotros sois hijos de Dios, hijos del Altísimo», todos vosotros. Eso es lo que realmente somos, y esa es la Verdad Suprema. Y si tienes la actitud correcta, y luego haces algo con esa actitud correcta, conocerás la Verdad Suprema de la existencia. Comprendamos esto.

Si conocemos la Verdad Suprema, lo más grandioso es que no habrá separación entre tú y el Creador, tu Padre, mi Padre. No habrá separación. Y cuando no hay separación —al comprender que tú y tu Padre sois uno—, la actitud debe ser la correcta para mantenerte en el camino hasta que finalmente conozcas tu Verdad Suprema. Así que este tema es muy importante.

Comprendamos qué fortaleza, qué poder y qué seguridad surgirán si conocemos esa Verdad Suprema: que no existe separación entre nosotros y nuestro Padre. Eso es algo que tú puedes saber. Es algo que todos pueden saber si poseen la actitud correcta y la ponen en práctica mediante una meditación adecuada, uniéndose a Dios. Estos son hechos; quienes lo intenten, lo descubrirán.

Esto nos lleva a la siguiente parte del tema: la investigación sumada a la experiencia. Es muy importante investigar algo primero; averiguar. Utiliza las facultades ordinarias que posees —que todos poseemos—: la mente y el intelecto. Haz uso de tu razón. Y si aquello que sigues o que estás haciendo es razonable, entonces investiga más a fondo. Investiga más, porque no es posible conocer la Verdad Suprema mediante el poder de la razón. Ten esto presente: no puedes conocer la Verdad Suprema a través del poder de tu mente y tu intelecto. La Verdad Suprema debe conocerse mediante la intuición del Alma.Por lo tanto, a menos que investigues y luego lo experimentes, ¿cómo puedes saber qué es lo mejor para ti? ¿Cómo puedo saber yo qué es lo mejor para mí? No olvidemos esto.

La gente viene y lee la Autobiografía [de un yogui]. Por ejemplo, el otro día vino un caballero; hablé con él y le pareció maravillosa. Le dije: «Eso está muy bien». Y añadí: «Ahora vas a otro sitio, lees otro libro y piensas que también es maravilloso». ¿Qué es lo que debes hacer? Investigar, investigar más a fondo y, luego, mediante la experiencia, saber si es verdad o no. La gente comete ese error: lee la Autobiografía, oye hablar de la Autorrealización, conoce a personas que poseen ese espíritu radiante… y ahí se queda todo, sin hacer nada más al respecto; lo cual es un error.

Debes investigar, porque, a menos que experimentes algo, no te pertenece realmente. Irás pasando de una cosa a otra. Alguien te dirá algo y te parecerá bien. Luego oirás otra cosa y pensarás: «Vaya, esto es mejor». Y así sucesivamente. Pero si tomas aquello que te parece razonable —utilizando tu propia capacidad de razonamiento— y ves que es viable, entonces investiga más a fondo; así, a través de tu propia experiencia y de la conciencia interior, podrás determinar si se trata de la Verdad Suprema o no. No olvidemos, pues, este punto clave: investigación y experiencia. Es algo que debemos hacer.

Llegamos ahora a la diferencia entre las emociones y los sentimientos elevados. Esto es fundamental al tratar el tema de «El poder de la actitud correcta». Existe una diferencia entre la emoción y el sentimiento elevado del Alma, y ​​no debemos dejarnos influir negativamente por nuestras emociones. Las emociones surgen especialmente cuando las personas siguen este camino. Al principio se llenan de entusiasmo —lo cual está bien—; la emoción se apodera de ellas y, entonces, algunas sufren un bajón. Pero si esa emoción se dirige hacia el interior y se transforma en un sentimiento elevado del Alma, entonces podrán avanzar con paso firme. Así pues, no debemos olvidar esto: no sigas las emociones hasta el punto de desequilibrarte o de impedir que razones; transforma, en cambio, esa emoción en una profunda devoción interior.

Es como una inversión. Todos hemos realizado alguna inversión en algún momento de nuestra vida. Ya sabes cómo es: te entusiasmas. Ganas un poco de dinero y te llenas de entusiasmo. Vas a ganar cien mil y lo apuestas todo a una sola carta. Alguien dijo: «No pongas todos los huevos en la misma cesta». Pero una persona inteligente dice: «Ponlos en una sola cesta, pero vigila la cesta». Debemos darnos cuenta de que no todos podemos hacer eso; por tanto, hay que tener cuidado con las emociones y no dejar que se desborden. Hay que mantener el equilibrio, la calma y la paz.

Así pues, no debemos permitir que nuestras emociones nos priven de la verdad del sentimiento superior. Esto es muy importante. Porque, como dijimos al principio, no puedes realizar a Dios ni conectar con Él a través de las emociones, la mente o el intelecto, sino mediante la intuición del Alma; y esta surge cuando te has elevado por encima de la razón. Comprende esto.

Al principio debemos razonar; de lo contrario, nos desviaríamos del camino. Pero, finalmente, debemos relegar la razón a un segundo plano —por así decirlo— y sustituirla por el sentimiento superior de la Presencia de Dios en nuestro interior. Esa es la clave. Tenemos que usar la razón —pues en este mundo es necesario hacerlo para evitar problemas y entender lo que sucede—, pero las cosas de Dios, lo relativo al Espíritu, deben conocerse a través de la intuición del Alma, que está por encima de la razón. Por eso es tan importante meditar con regularidad: porque en la meditación te elevas por encima de la razón y fluye el poder del alma. La intuición del Alma sabe con absoluta certeza qué es lo correcto para ti y para mí; gracias a ella, podemos ir directamente a Dios y conocer la Verdad Suprema, que es el propósito de la vida.

Tenemos el ejemplo de Sri Yukteswarji en lo que respecta al control de las emociones. Quienes hayan leído la Autobiografía de un yogui y conozcan su historia, se habrán dado cuenta del gran dominio que ejercía sobre sus emociones y sentimientos. Sabía cómo expresarlos cuando la situación lo requería, pero también sabía elevarse por encima de ellos y permitir que el sentimiento superior de la verdad de su alma guiara sus acciones. En dicha obra encontramos unas palabras que reflejan perfectamente la actitud correcta de Sri Yukteswarji, una actitud que nosotros también podemos adoptar. Y leemos lo siguiente: «Sri Yukteswarji encajaba con la definición védica de un hombre de Dios: más tierno que una flor cuando se trataba de bondad, más fuerte que el trueno cuando estaban en juego los principios». Qué maravilloso es eso. Algunas personas son de carácter duro; creen que, por ser intelectualmente brillantes, nada —ninguna emoción— puede perturbarlas. Pero este gran hombre era justo lo contrario. Cuando era necesario, se mostraba más tierno que la belleza de una flor; pero, cuando también era necesario, se volvía como el trueno si estaban en juego los principios. Son palabras maravillosas para recordar. Y nosotros deberíamos hacer lo mismo.

Deberíamos adoptar esa actitud correcta. Cuando sea necesario ser amables, no debemos sentir que expresar bondad está por debajo de nuestra dignidad. Pero cuando corremos el riesgo de dejarnos arrastrar por las emociones, o cuando es necesario defender un principio sin concesiones, debemos hacerlo; porque eso es lo correcto, esa es la actitud, esa es la actitud adecuada que debemos tener.

En el libro de Proverbios leemos: «Mejor es el que tarda en irritarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad». ¿Por qué? Porque si te dejas dominar por tus emociones, no puedes percibir la Verdad Suprema de la vida, la cual surge de la calma interior —a través de la intuición del Alma, y ​​no de otra manera—; por eso la meditación es tan importante para todos, independientemente de su posición en la vida. Así pues, es mejor controlar las emociones que permitir que ellas te controlen a ti; porque entonces —solo entonces— puedes sentir la Quietud de la Presencia de Dios en tu interior y, al adentrarte en esa Quietud, comprender que tú y tu Padre sois uno. No existe separación entre vosotros.

Ahora llegamos a la actitud correcta ante la vida. ¿Cuál es la actitud correcta ante la vida? Pues bien, se trata de esto: debemos —sí, debemos— tener la actitud correcta de aprender de las experiencias. El Maestro solía decir: «Padre, te doy gracias por esta existencia. Acojo todas las experiencias», porque, si se afrontan con la actitud correcta, ¿a qué conducen? ¡Me refiero, claro está, a la actitud correcta! Conducen a la Verdad Suprema. Todos cometemos errores. ¿Y qué más da? Si adoptamos la actitud correcta ante esos errores, estos nos elevarán hacia lo correcto, hacia el elemento más elevado: la verdad. Por tanto, la actitud correcta ante la vida es sumamente importante.

Todos los santos afirman que el propósito de la vida es recuperar nuestra divinidad. Recuperar nuestra divinidad —lo que verdaderamente somos: Uno con Dios—. Si adoptamos esa misma actitud —sin importar la actividad: ya sea hacer la cama, vender una casa o cualquier otra cosa— y sentimos que Dios está con nosotros, en realidad es Él quien realiza la acción. Aunque creamos ser nosotros quienes actuamos, Él es el único Hacedor, siempre que mantengamos la actitud correcta. Tal como actúan los santos, esto nos conducirá al propósito supremo de la vida: la meta de conocer la Verdad Absoluta. Seamos conscientes de ello.

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