Dios no está sordo y Podemos practicar esto como Daya Ma – Hermanos Kamalananda y Bhumananda

DIOS NO ESTÁ SORDO – HERMANO KAMALANANDA

Yo tenía una buena amiga, que era una discípula directa de  nuestro Gurú Paramhansa Yoganandaji, su nombre era Mary Stockton, se acaba de morir, hace como un año. Tenía 96 o 97 años cuando murió. Y cuando yo vivía en Seatle, antes de entrar en el ashram, ella vivía también allí. Desarrollamos una relación muy dulce, incluso cuando teníamos una diferencia de edad muy grande. Y aprendí muchas cosas de ella. Y en una de las conversaciones que estaba teniendo con ella, dijo: “Estás hablando de la oración” Y luego continuó: “Sabes, yo oro todo el tiempo y le pido a Dios su ayuda, incluso en pequeñas cosas. Si estoy en la cocina cocinando algo, o si necesito algo, me acerco a Dios en mi corazón pidiendo Su ayuda”. Y yo me sentí muy impresionado con su afirmación,  porque hasta ese momento, mi pensamiento era que Dios estaba haciendo funcionar todo este drama,  este inmenso universo, y que mis problemas eran tan pequeños que no quería que Dios se preocupara de mis quejas y problemas, ¿por qué debería acudir a Dios? Él ya tenía suficientes problemas para mantener esta creación en funcionamiento. Así que le pregunté a Mary, ¿Por qué haces esto? Y ella dijo: “por dos cosas, una es porque siempre me hace recordar que no puedo hacer nada sin la ayuda de Dios, de que soy completamente dependiente de Dios para todo”. Saben, piensen en ello, en este mismo momento, hay millones y millones de procesos complejos sucediendo en nuestros cuerpos. El corazón está bombeando toneladas y toneladas de sangre cada día. No tenemos ni idea de lo que está sucediendo. Pensamos que somos nosotros los que estamos manteniendo este cuerpo, pero solamente estamos ayudando a Dios a mantener este cuerpo, comiendo correctamente, haciendo ejercicio y todas esas cosas. Pero hay una Inteligencia Infinita que nos mantiene funcionando cada instante, ¿verdad? Así que cada momento se lo debemos a Dios, debemos nuestra vida a Dios. Así que ese era el punto número uno. El punto número dos, ella dijo que era: “eso trae a Dios a mi vida diaria, en cada uno de los momentos, en mis deberes mundanos. Me mantiene muy conectada. Es una forma de practicar la presencia de Dios”. Así que si por ejemplo, estás conduciendo tu coche y llegas a un aparcamiento y estás buscando un sitio, en lugar de depender de la providencia para que te de un sitio, podemos tener una conversación silenciosa con Dios: “Ayúdame a encontrar un lugar”. Y les puedo decir que siempre que hago esto, recuerden hacerlo, inevitablemente encuentro un buen lugar, muy rápido. Y siempre que se me olvida, normalmente me lleva más tiempo. Y es un modo muy dulce de traer a Dios a nuestra vida diaria. Y la cuestión es que no importa cuál sea nuestra profesión, cuáles  sean nuestros deberes, podemos encontrar un camino para traer a Dios a cualquier actividad, en cualquier parte, ya sea que estemos cocinando, o en la oficina o en el jardín, donde sea.

Leí una vez una historia. Había dos niños. Uno tenía unos 12 años y tenía un hermano menor de unos 10 años y los padres habían salido de la ciudad, de modo que habían dejado a los chicos con los abuelos. Por la noche justo antes de ir a acostarse los dos chicos, en casa de sus abuelos. El niño pequeño estaba sentado en su cama y le estaba rezando en voz alta a Dios. Él decía: “Amado Dios. Por favor dame una bicicleta, por favor dame una consola de juegos Xbox, por favor. Y el hermano mayor que estaba sentado a su lado le dijo: “Jack, ¿por qué estás gritando? Dios no está sordo”. Y el hermano menor contestó: “Tienes razón, Dios no está sordo, pero la abuela sí”.

 

PODEMOS PRACTICAR ESTO COMO DAYA MA – HERMANO BHUMANANDA

Una de las grandes cosas que el Maestro dijo fue: “Cada minuto es un vínculo entre tú y Dios”. Cada minuto. Ese es el potencial para cada uno de nosotros. Cuando me invitaron a tomar mis votos finales como monje de Self-Realization Fellowship y tenía una cita con Sri Daya Mata para hablar conmigo sobre los votos de sannyas (monásticos), y yo estaba a punto de dejar mi escritorio para ir a la reunión, sonó el teléfono y resultó ser una emergencia, de modo que tuve que hacerme cargo de ella. Así que lo hice tan  rápido como pude,  pero como resultado yo iba 5 ó 10 minutos tarde a la cita. Llegué a la habitación intermedia del tercer piso, donde se suponía que Ma iba a encontrarse conmigo, como unos 10 minutos tarde y en cuanto llegue al umbral de la puerta pude ver que Ma ya había llegado antes que yo y estaba sentada allí,  y nunca lo olvidaré, ella estaba absolutamente quieta. Sus ojos estaban cerrados. Su mirada estaba elevada hacia el Centro Crístico y según entraba en aquella habitación pude sentir una profunda sensación de santidad, de calma, de quietud. En mi mente, no tenía ninguna duda de que ella estaba con Dios. Entonces, ella se dio cuenta de que yo estaba allí y abrió los ojos y tuvimos una reunión maravillosa.

Pero había una lección que nunca olvidaré. Yo llegaba tarde y ella tenía unos pocos minutos extra en su día muy ocupado. Ella no perdió un momento y se retiró a su interior para estar con su Amado Divino. Todos tenemos esas oportunidades. Lo único que tenemos que hacer es comenzar a trabajar para aprovechar esos momentos. Pueden decir: yo no sería perfecto y estoy lejos de eso. Pero al menos lo intentas. Y no tiene por qué ser complicado. Como Daya Ma solía decirnos, sólo tienes que cerrar tus ojos y decir: “te amo Dios, no sé nada más, tan solo que te amor”. Por supuesto, sé que a veces es difícil pensar en Dios porque estamos muy tensos. Algo sucede y te perturba y nos sentimos un poco frustrados. Y cuando estás en ese estado es difícil pensar pensamientos amorosos sobre Dios, o pedirle a Dios: ¿cuál es la actitud correcta? Entonces qué debes hacer. Bueno, primero, tenemos que meditar cada día. Cuanto más comulgamos con Dios, nos volvemos menos vulnerables a las emociones negativas. Pero también, la cuestión es que según estudiamos y practicamos las enseñanzas del Gurú, los pensamientos del Gurú llegan a ser una parte permanente de nuestra conciencia. Y lo que sucederá es que algunos de sus pensamientos serán más atractivos para nosotros, y según trabajamos con ellos, según los afirmemos una y otra vez, y otra vez, se convierten en guías luminosas para nosotros. Y entonces lo que sucederá es que permanecerás en un estado en el que aunque tengas problemas o estés preocupado, o un poco ansioso, o asustado, de repente algo maravilloso sucederá, uno de los pensamientos del Gurú saldrá a la palestra como una gran luz espiritual dándote calma y paz interior y fortaleza, como la luz de un faro, guiando al barco cuando está en la oscuridad.

Una de las cosas que más me atraía de Daya Ma era la simplicidad de su acercamiento a Dios. Tomaba unos pocos pensamientos de las escrituras de nuestro Gurú y luego hacía de ellos sus faros luminosos de guía, las pautas por los que vivía su vida. Y un par de sus pensamientos que han sido muy útiles para mí a lo largo de los años, y los sigo usando hoy en día, son: “Señor, hágase Tu voluntad y no la mía” y “Señor, Tú eres el Hacedor, no yo”.  Cuando tengo demasiadas cosas que hacer, cuando me siento sobrepasado, cuando no sé qué dirección tomar, en el momento que recuerdo pensar esos pensamientos, en ese mismo instante, me siento consolado. Tengo paz interior, un sentido de sintonía con el Maestro, con Dios. Parece tan simple…  pero cuando practicas estas afirmaciones, te das cuenta de lo poderosas que pueden ser. Pero la clave es que tienes que practicarlas.

Otro pensamiento que Ma solía utilizar, especialmente al guiar esta obra, ella se preguntaba, ¿qué es lo que quiere el Maestro? Si necesitas determinar qué dirección debes tomar en algún aspecto de tu vida, al final de la meditación, mantén tu atención en el Centro Crístico y pregunta eso profundamente, ¿qué harías aquí, mi Gurú? Y luego trata de sentir en tu corazón su respuesta, mantente haciéndola  y verás que cuando haces eso, es como tener una brújula divina, encontrarás tu camino, guiado por el Gurú.

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