El Maestro le dice al Hermano Anandamoy que tiene que hacer lo ‘imposible’

El Maestro le dice al Hermano Anandamoy que tiene que hacer lo ‘imposible’

Una tarde, El Maestro y el Hermano Anandamoy caminaban por la parte de atrás del retiro en 29 Palms. El Maestro señaló la puerta trasera y dijo: “¿Podrías verter una losa de concreto junto a esa puerta?”

El Hermano respondió: “Claro, lo haré a primera hora de la mañana”.

«¡Hazlo ahora!» fue la respuesta de Guruji.

El Hermano dijo: “Pero, señor, eso es imposible. Dentro de poco el sol se pondrá y oscurecerá. No hay suficiente tiempo”.

Y el Maestro concluyó su conversación diciendo: «Tú puedes hacerlo». Luego se fue.

El Hermano dudaba que pudiera terminar a tiempo. Pero pensó que siempre podría golpear la losa con un mazo y romperla, si no funcionaba. Sin embargo, deseando ser obediente a su Gurú, e inmediatamente se puso a trabajar. Así que excavó la tierra, construyó la estructura y mezcló el cemento. Y no tenía hormigonera. Tuvo que mezclar la arena, el hormigón y el agua a mano. Y luego, al no tener carretilla, tuvo que transportar el cemento fresco con cubos. Pero a pesar de que trabajó lo más rápido que pudo, simplemente no pudo completar el trabajo a tiempo. El sol se había puesto y estaba demasiado oscuro para continuar.

El Hermano se sentó junto a sus cubos de cemento endurecido y sintió una desesperación total. Su conciencia era un torbellino de abatimiento. No había cumplido los deseos de su Gurú. Y, es más, el Maestro incluso le había dicho que podía hacerlo.

Entonces, de repente, el Hermano notó que empezaba a aclarar. Y cada vez más claro. No podía creerlo. «¿Cómo puede estar pasando esto? Es de noche». Al momento siguiente, la luna llena apareció detrás de los árboles. «¡Oh, no!» El Hermano pensó: “¡Me olvidé de esa estúpida luna! Pero el Maestro no lo hizo. Sabía que habría luna llena”.

Silenciosamente, el Hermano se acercó al retiro y se asomó por la ventana. El Maestro estaba absorto dictando sus comentarios sobre el Guita. El Hermano suspiró aliviado y pensó: “El Maestro está tan ocupado con su trabajo que no se dio cuenta de mi difícil situación, de mi conciencia agotada, de mi falta de fe”.

Luego el Hermano Anandamoy se puso a verter el cemento antes de que se endureciera demasiado. Finalmente, alisó la superficie con una llana y se paró triunfalmente sobre la losa terminada. Su conciencia era tan clara como un lago de montaña. Se giró y comenzó a caminar hacia el retiro para hacerle saber al Maestro que había cumplido sus deseos. A medio camino se topó con el Maestro, que tenía una sonrisa de complicidad en su rostro. Antes de que el Hermano pudiera pronunciar una palabra, Guruji comenzó a darle un largo sermón sobre el valor de la imperturbabilidad.

(Clave: Tenemos que prender a entregarnos ante algo que creemos que no podemos hacer. Darnos cuenta de que, si estamos dispuestos, no será tan malo, y “la luna saldrá”, El Maestro nos ayudará).

Notas de devotos

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