17 May Historias de los primeros años con Paramahansa Yogananda – Theodore Beck, revista SRF
Historias de los primeros años con Paramahansa Yogananda – Theodore Beck, revista SRF
Extractos de una carta escrita por el Sr. Theodore Beck a Sri Sri Daya Mata el 7 de marzo de 1969, publicada en la revista de SRF, otoño de 1970, págs. 19-24.
Mi querida y reverenda Madre:
Fue durante una tarde de domingo, en octubre de 1920 en Boston. Un estraño se me acercó en la calle. Se presentó como el señor Auclair y me dijo que me había visto antes en muchas reuniones metafísicas. El señor Auclair me explicó que había estado buscando un instructor espiritual que fuera adecuado y que esperaba que yo `pudiera darle algunas sugerencias. Bueno, le contesté, estoy en las mismas que usted. Yo también he estado buscando un instructor que me satisfaga y no lo he encontrado todavía.
El señor Auclair me preguntó entonces si sabía algo sobre Swami Yogananda, el delegado hindú de la India para el Congreso Internacional de Religiones Liberales, convocado entonces. Señaló que posiblemente este hombre sería otro “encantador de serpientes”.
Hasta que tengamos alguna prueba, contesté, no emitiré ningún juicio. A mi modo de ver, la India no enviaría a una persona “inferior” a esta Convocación para representar a una nación tan espiritual. Cuando Swami Vivekananda visitó los Estados Unidos en 1896, el demostró que era un hombre de elevado conocimiento espiritual, y creo que podemos esperar lo mismo de Swami Yogananda. Esta noche va a dar su primera conferencia pública y yo voy a asistir.
NOTA: La conferencia tuvo lugar en el Jordan Hall. Y luego una clase más en el mismo lugar. A partir de allí las clases tuvieron lugar en el hogar de Mr. Y Mrs. Ward B. Hasey en West Somerville, durante un año, para volver luego al Jordan Hall.
…Al año siguiente las clases se llevaron a cabo en Boston, en el Jordan Hall, donde Swamiji también daba conferencias los domingos, y la asistencia a clases comenzó a aumentar. Sin embargo, en una ocasión todo el público estaba formado por dos personas: yo era una y el otro era el señor Auclair. Esto pasó de la siguiente manera.
Yo había estado en huelga con otros trabajadores de una empresa de construcción durante diecisiete semanas, alojado en un campamento donde me había ofrecido refugio un hombre al que le había hecho un favor unos meses antes. Sólo había tenido suficiente dinero para sostenerme durante dos o tres meses, pero no perdí ni una sola de las clases de Swamiji. El tema de cada conferencia dominical o clase entre semana se anunciaba en los periódicos. El tema de esa semana era interesante, pero no tenía el billete de tren ni de autobús para ir al salón de actos de Boston.
Ese día estaba buscando almejas cuando apareció un hombre buscando algunas. Le vendí lo que había reunido y luego tuve suficiente dinero para pagar el billete de tren a Boston. Mi “cliente” se ofreció a llevarme a la estación de ferrocarril para que pudiera llegar a tiempo a la ciudad. Llegué con tres horas de sobra y caminé hasta Jordan Hall para ahorrarme el transporte. Llegué al aula bastante temprano, unas dos horas antes de la conferencia. Hacía calor y estaba bochornoso, y en el horizonte vi una franja de nubes oscuras. Aproximadamente una hora más tarde me pareció oír un trueno lejano; Se acercaba una tormenta eléctrica. Llegó el señor Auclair y, debido a la tormenta que se avecinaba, nos preguntamos si la conferencia podría cancelarse. Finalmente comenzó a llover y nadie más se presentó a la clase. Swamiji llegó a las siete en punto, y cuando notó que nosotros dos éramos los únicos presentes, dijo: “Los fieles han venido. ¡Incluso si solo queda un estudiante, predicaré!” ….
La tormenta se hizo intensa. Miré por las ventanas; no se veían luces. Todo Boston se quedó sin electricidad. Swamiji comenzó la oración que siempre precedía a las reuniones. Normalmente duraba una media de dos minutos; pero esta noche Swamiji continuó orando en silencio durante mucho tiempo. Tenía los ojos cerrados, pero al cabo de un rato los abrí. Había un resplandor en la habitación y cada vez era más fuerte. Miré al Maestro. Sus rasgos faciales habían desaparecido en una luz brillante de colores extremadamente intensos, que iluminaba toda la habitación. Entonces se encendieron las luces eléctricas. La experiencia sagrada había terminado.

EL PRIMER ASHRAM DE YOGANANDA, en Hardys Pond, cerca de Boston en Waltham, Massachusetts
En 1922, Swamiji estableció un ashram en Hardy’s Pond, nueve millas al oeste de Boston, cerca de Waltham, Massachusetts. Aunque estaba situado en un bello entorno natural, ideal para la meditación, el ashram estaba demasiado lejos de Boston, por lo que sólo los pocos estudiantes que tenían coche podían ir allí. Mientras visitaba este ashram, fui personalmente testigo del siguiente incidente.
Una anciana, tullida por el reumatismo, suplicó al Maestro que la ayudara. La llevó al santuario y le pidió que orara a su manera. Él también ofreció sus oraciones. Después de unos minutos, le preguntó cómo se sentía. Empezó a coger sus muletas para comprobar el efecto de la oración. El Maestro le dijo que no necesitaba muletas. Se levantó y caminó sin ayuda. Sus manos hinchadas estaban en tan buenas condiciones como para poder pelar las patatas para nuestro almuerzo poco después.
Más tarde, Swamiji vendió el ashram de Waltham y en 1924 abandonó la costa este para viajar por todo el país dando conferencias por todo Estados Unidos. Cuando regresó a Boston en 1928, nos dijo: “He encontrado un lugar en Los Ángeles, en el Monte Washington. En el momento en que lo vi, sentí que era nuestro hogar”.
Las clases en Boston crecieron en tamaño, pero sabíamos que al Maestro lo íbamos a perder. Ya no podía pertenecer únicamente a nuestro pequeño grupo de meditación; tenía que establecer la sede de Self-Realization Fellowship donde había sido divinamente guiado para hacerlo, donde podía servir mejor a todos. Tuvimos que adaptarnos al hecho de que nuestro Maestro pronto dejaría Boston para trasladarse a su nuevo alojamiento en California. …
El Maestro dio una conferencia pública más en el Symphony Hall que acogió a más de dos mil quinientas personas, y las que estaban de pie que llenaban el recinto para ellas… Hacia el final de la conferencia, una mujer de la audiencia caminó hasta la plataforma del conferenciante y pidió permiso para dirigirse a los presentes. Hasta donde yo recuerdo, ella dijo: “Amigos, haya aquí un número de personas que pueden testificar que lo que voy a decir es verdad. Yo estaba paralizada, confinada a una cama, durante más de diez años. Toda la parte baja de mi cuerpo eran inservible. Después de una sola oración con este gran hombre, me levante de la cama sin tener que utilizar muletas o bastón. Y hoy me veis aquí de pie, sin ayuda de nadie”.
Y ahora llego a la parte triste. Después del último encuentro, nuestro divino Maestro me pidió que lo siguiera a California. ¡Cuántas ganas tenía de hacerlo! Pero le dije: “Antes de que usted viniera a Boston, conocí a un hombre cuya salud era tan mala que no tenía fuerzas; sólo podía decir unas pocas palabras a la vez. Me apiadé de él y le proporcioné los servicios de mi propio médico, además de pagar todos los demás gastos. Han pasado tres años y todavía no puede ganarse la vida. No puedo abandonar a este hombre”.
Así sucedió que decliné la invitación de mi Maestro a seguirlo. Fue el peor error que jamás haya cometido. Le había dicho a Swamiji, esperanzado: “Cuando esté libre intentaré estar contigo en California”. Pero nunca sucedió.
Para concluir, les pido que acepten esta tarjeta amarilla con un pequeño mensaje navideño que me entregó Swami Yogananda. Ha estado conmigo casi medio siglo y, como mi tiempo casi se acaba, * necesita un nuevo hogar. Es significativo tanto espiritual como históricamente, porque fue manejado por los santos dedos de mi Maestro.
Que nunca más cometa un error como cuando me negué a mí mismo la oportunidad de estar con mi gran Gurudeva. Como su divino representante, Sri Daya Mata, le ruego que ofrezca una oración por mí. Permítame ser tu humilde devoto.
TED BECK
Brookline (Massachusetts)
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* Ted Beck falleció el 16 de agosto de 1969, apenas cinco meses después de escribir la carta anterior a Sri Sri Daya Mata. (Nota del editor)
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