Inundando nuestra conciencia con entusiasmo divino – Hermano Chidananda

Inundando nuestra conciencia con entusiasmo divino – Hermano Chidananda

Siento que la oportunidad que tengo cuando me encuentro entre ustedes, se resume en una cosa, y eso es tan solo compartir con ustedes… hacer mejorar, el siempre vibrante, siempre incrementado entusiasmo. Entusiasmo por lo que Gurudeva nos ha dado. Y aquí tengo dos historias.

Una, se refiere a cuando yo era un joven devoto que comenzaba en ese momento en el sendero. Yo vivía cerca de nuestro ashram en Encinitas, en California, donde está la ermita de Maestro, y que muchos de ustedes han visitado, y donde él escribió la Autobiografía de un yogui y algunos de sus otros libros. Y una tarde… teníamos un grupo de adultos jóvenes en sus primeros veinte años y también adolescentes… y para este grupo de jóvenes adultos hubo un satsanga con una de las monásticas senior, la conocíamos como Hermana Shanti. Ella era una hermosa renunciante de muchos años, allí en Encinitas, y ella nos contó esta historia. Dijo que unos años atrás había estado… trabajaba entonces en la oficina de nuestra reverenda Sangamata, Daya Mataji, y un día fue a verla y le dijo: “Oh, Ma, es todo tan difícil, siento que no tengo suficiente energía, no tengo suficiente vitalidad y me siento agotada, tratando de mantener la rutina(espiritual) y continuar llevando mis tareas”. Y nos dijo que Daya Mataji tan solo la miró con esos brillantes ojos azules radiando poder divino, levantó su mano y la golpeo suavemente con golpecitos en su medula, en ese centro divino en la base del cráneo y dijo: “Lo que se necesita aquí es más entusiasmo”. Y la Hermana Shanti nos dijo que con solo ese divino toque y la convicción de las palabras de Ma, se sintió elevada y renovada, completamente recargada.

Así que yo oí esta historia, fue muy inspiradora en aquel momento, y luego, no mucho más tarde después, yo entré en el ashram como un joven monje y estaba pasando por un conjunto similar de luchas. Tenía una rutina de vida completamente nueva en el ashram, saben. Yo venía de vivir como devoto fuera, en el mundo, donde puedes elegir lo que queremos hacer, y cuando queremos hacerlo, tal vez no ahora por esto o aquello, o lo haré más tarde y todo es muy agradable y cómodo. Y cuando entramos al ashram uno de los grades retos, aunque que desde luego es un cambio de vida lleno de bendiciones, uno de esos retos es la rutina, levantarme mucho antes de lo que había estado acostumbrado, las meditaciones en unos tiempos prefijados, el trabajo en el exterior que nosotros realizábamos como seva para el Gurú, suponía un verdadero reajuste para mí en aquellos primeros meses. Lo estaba pasando mal para mantenerme con aquello. Y entonces recordé esta historia de la Hermana Shanti que nos había contado sobre las palabras de Ma, cuando ella dijo que lo que nosotros necesitábamos aquí era más entusiasmo. Así que lo tomé para mí. “Oh, yo puedo poner esto en práctica”. Y cada mañana cuando salía del ashram por la puerta principal y caminábamos… aquellos de ustedes que han estado en Encinitas saben donde está el ashram para los monjes jóvenes en una esquina del ashram y nosotros teníamos que subir a través del bosque, de la colina, hasta los jardines públicos que miran al océano, donde teníamos que barrer los senderos, limpiar las instalaciones, cuidar de las flores y las plantas, etc. Así que según salía por la puerta y subía por esa colina para llevar a cabo esos deberes comenzaba a pronunciar una afirmación o un mantra, recordando esta historia de la Hermana Shanti. Y solo repetía: “Señor, inunda mi conciencia con entusiasmo divino, inunda mi conciencia con entusiasmo divino, inunda mi conciencia con entusiasmo divino” y me mantuve haciendo eso, día tras día, semana tras semana y eso cambió totalmente, cambió totalmente mi vida. Fue la diferencia entre una rutina que era quizás un peso o una dificultad, y algo en lo que había un sentido de una oportunidad entusiasta de servir, de ser parte de la misión de Guruji.

Bien, os he contado esta historia por una razón. ¿Cuántos de nosotros hemos leído la “Autobiografía de un yogui”, pienso que el 99,5 % de nosotros tuvo la conciencia o la reacción, en algún momento durante el maravilloso viaje de aprender, de saber sobre la vida de Guruji y conocerlo y conocer sus enseñanzas, tuvimos el deseo en nuestra conciencia: “¡Oh!, si tan solo hubiera podido estar ahí cuando él estaba aquí, ¡oh!, si tan solo hubiera estado en su compañía, si hubiera podido estar allí para recibir su entrenamiento”, y realmente, es como una tradición en nuestro sendero, pienso que todos ustedes se identifican con esto. Es como una pequeña tradición en la que transmitimos esta misma conciencia a la siguiente generación: “Bueno, no pude estar, no estaba aquí durante el tiempo de Guruji en vida, pero, ¡oh, pero si tan solo hubiera estado aquí, mientras Daya Mata vivía, ¡oh!, si tan solo hubiera podido pasar más tiempo cerca del Hermano Anandamoy o Bhaktanandaji, o aquellos otros que fueron la primera generación, ¿sí? ¿les resulta familiar?… Bien, es comprensible. Y claro que había una gran bendición por haber tenido esa asociación y contacto, todos la apreciamos y, sin embargo, al mismo tiempo, si dependemos de eso, nos estamos estafando a nosotros mismos, nos estamos estafando a nosotros mismos, porque como dijo Guruji: “Este mundo continuará, generación tras generación” y dijo, “cuando me haya ido las enseñanzas serán el Gurú”, y no se detuvo ahí, dijo: “A través de las enseñanzas, a través de la práctica de las técnicas, estaréis en sintonía conmigo, y con los grandes Gurús que han enviado”.

Así que la razón por la que les estoy contando esa historia es porque no mucho después de oyera esa historia de la Hermana Shanti me dije: ¡Oh, si tan solo Ma me golpeara en la médula, entonces todo iría bien”! Pero no, no es así. Podemos tomar el principio, podemos tomar la inspiración y convertirlo en algo que se convierta en una experiencia personal para cada uno de nosotros. Eso es lo que quiero trasladarles.Tomen la visión de esas posibilidades y encuentren una forma de convertir eso en una afirmación, un mantra, una invocación devocional y obtendrán todos los beneficios, todas las bendiciones, todo el poder, todos los efectos, como si se hubieran producido por un encuentro personal. Y esta no es sólo mi experiencia que tengo de haber hablado con muchos, probablemente algunos de ustedes que están hoy aquí. Sé que han experimentado esto. Y no es su imaginación. No es imaginación. Se vuelve, según pasan los años, en algo muy real, esa presencia, ese acceso a los recursos divinos, a la verdad divina, a esa… como dije al principio, ese afecto divino, presencia afectiva de nuestro siempre viviente Satgurú, que sólo desea tomarnos de la mano y caminar con nosotros a lo largo del camino hacia esa gran libertad, esa gran luz espiritual y seguridad, que él mismo vivió y transmitió a todos aquellos que cruzaron su sendero.

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