DESPERTAR EN EL ESPÍRITU (2ª parte)- Por Gurukripa Prasad

Plenamente consciente de la importancia de un gurú en la búsqueda de Dios, el joven buscador —que por aquel entonces contaba con unos ocho años de edad— se vistió con las ropas ocres propias de quien renuncia al mundo y, portando un *danda* (bastón de bambú) en las manos, partió en busca de un maestro iluminado. Tras un largo viaje, el joven asceta llegó a las orillas del río Narmada, a la ermita forestal de Govindapada Yati. Al notar la presencia de un nuevo visitante, Govindapada le ordenó que se identificara. Se dice que Shankara respondió: «No soy la mente, ni el intelecto, ni el ego, ni el sentimiento; no soy el cielo, ni la tierra, ni los metales. ¡Yo soy Él, yo soy Él, Espíritu Bendito, ¡yo soy Él!»[1]. Maravillado y feliz por la respuesta del joven, Govindapada lo acogió con un cálido abrazo y lo instruyó en la doctrina Advaita[2].

Tras completar su formación, a los dieciséis años, Shankara emprendió un arduo viaje por toda la India difundiendo las enseñanzas del Advaita, reuniendo a muchos discípulos a lo largo del camino. Con un alcance de indagación elevado, su visión era tan sublime que, haciendo gala de su genio característico y de su inclinación por la poesía, Shankara declaró: «Permitidme exponer en medio “śloka” aquello que se desarrolla extensamente en un millón de tratados espirituales: Solo el Espíritu es real; el mundo es una ilusión; el Alma y el Espíritu no están separados[3].

Además, Shankara practicaba la sublime ciencia de meditación del Kriya Yoga, que otorga la percepción real de Dios, más allá del dominio intelectual de las escrituras. Paramahansa Yogananda afirma en Autobiografía de un yogui que Shankara recibió la iniciación en Kriya en Benarés de manos del mismísimo Mahavatar Babaji. «Babaji, al relatar la historia a Lahiri Mahasaya y a Swami Kebalananda, ofreció muchos detalles fascinantes sobre su encuentro con el gran monista», escribió Yoganandaji.

 

«El propio Shankara escribió estas hermosas líneas: «No existe comparación posible en los tres mundos para un verdadero gurú. Si se considera la piedra filosofal como tal, esta solo puede transformar el hierro en oro, no en otra piedra filosofal. El maestro venerado, en cambio, hace que el discípulo que busca refugio a sus pies llegue a ser igual a él. El gurú es, por tanto, incomparable; más aún: trascendental»». —Paramahansa Yogananda en Autobiografía de un yogui.

Con infinita compasión y calidez, Shankara recibía a todos cuantos acudían a él y, con gran interés, atendía incluso las consultas e inquietudes más triviales. Una tarde sofocante, mientras viajaba por un denso bosque, el grupo de Shankara fue atacado por un feroz tigre. En un estallido instantáneo de caos, todos corrieron despavoridos para escapar de convertirse en la presa del animal salvaje. Por suerte, nadie resultó herido y, después de que el depredador desapareciera en el bosque, se reagruparon para continuar su viaje. Un discípulo descontento, como para poner a prueba a su gurú, exclamó: «¡Pero Guruji, usted siempre dice que Dios es la única realidad y que todo lo demás es solo una ilusión! ¿Por qué, entonces, tuvimos que correr de un lado a otro, tan asustados, si esa bestia salvaje era solo una ilusión?». Orgulloso en su interior, el discípulo sintió que había engañado a su gurú con su lógica impecable. Con calma, el gurú respondió: «¡En efecto! Pero, así como el tigre que tus ojos contemplaron era una ilusión, ¿acaso nuestra huida no fue también una ilusión? Despierta y contempla: ¡Solo existe el Espíritu! Sin embargo, no racionalices ni niegues la existencia del mundo fenoménico hasta que hayas comprendido tu unidad con ese Espíritu Infinito».

Shankara observó que, debido a la ignorancia popular, la enseñanza iluminada de Buda sobre el dominio de la conciencia del ego y, por ende, alcanzar la liberación, se malinterpretaba gravemente como la extinción del ser individual.

Asimismo, mediante interpretaciones erróneas, muchos «eruditos» del Mimamsa[4] declararon haber deducido que Dios era no existente. Shankara mantuvo largos debates, ampliamente documentados, con estas personas e inevitablemente las convenció a todas de regresar voluntariamente al camino de la comprensión correcta. Reafirmó la verdad eterna de que, al elevarse por encima del deseo material, el alma asciende hacia el estado positivo de una Bienaventuranza eterna, consciente y siempre nueva. Él ayudaba a las personas a comprender la necesidad de Dios en sus vidas como una Bienaventuranza tangible y siempre nueva, la meta suprema de la existencia humana.

A medida que este joven y radiante monje continuaba sus viajes por doquier, millones de personas acudían a recibir su “darshan” (visión sagrada) y a absorber la bendita sabiduría que emanaba de su mente en sintonía con Dios. En una ocasión, mientras caminaban por las orillas del Ganges en el Himalaya, sus discípulos se enzarzaron en una especie de competición para alabar a su gurú. Sin duda, para ellos él era la encarnación misma del “jnana” (conocimiento espiritual). Tras tolerar cortésmente sus elogios durante un tiempo, les pidió que observaran cómo sumergía el extremo de su “danda” (bastón) en el arroyo cercano. Al retirarlo rápidamente, les preguntó: «¿Cuánta agua diríais que ha salido con mi danda?». «¡Pues apenas una gota, Guruji!», exclamaron sus discípulos.

Shankara sonrió y dijo: «Pensad en este vasto e incesante caudal del Ganges como en el vasto e incesante flujo de la sabiduría del Espíritu Infinito; en comparación, la diminuta gota que sostiene mi danda es todo lo que soy». Así como una rama se inclina cuando sus frutos suculentos maduran y pesan, ocurre lo mismo con las almas realizadas: cuanto mayor es su estatura espiritual, más impregnadas están de la virtud práctica de la humildad.

Shankara tenía solo treinta y dos años cuando llegó a su fin su gloriosa misión, ordenada por Dios. Hacia el final de su vida, pasó un tiempo con sus discípulos en el Himalaya visitando los santuarios sagrados de Badrinarayan y Kedarnath, y anhelaba fundirse con su Amado Infinito, el Espíritu Supremo[5].

Loss discípulos se reunieron alrededor de su gurú por última vez para expresar su devoción y gratitud mediante fervientes homenajes; y, tal como Shankara derramó generosamente sobre la humanidad su abundante luz de espiritualidad, se dice que los dioses aparecieron en los cielos y esparcieron sobre él radiantes flores “mandara”. ¡La triunfal culminación de esta encarnación divina fue así celebrada tanto por el cielo como por la tierra!

 

PALABRAS DE PARAMAHANSA YOGANANDA

«El celo reformador de Shankara incluyó la reorganización de la antigua Orden monástica de los Swamis. También fundó “maths” (centros educativos monásticos) en cuatro localidades: Sringeri en el sur, Puri en el este, Dwarka en el oeste y Badrinath en el norte, en el Himalaya».

«Muchos monjes, tal vez un millón, integran la Orden de los Swamis; para ingresar en ella, deben cumplir el requisito de recibir la iniciación de hombres que ya son swamis. Así, todos los monjes de la Orden de los Swamis remontan su linaje espiritual a un gurú común: Adi («el primero») Shankaracharya».

«Como monje, he consagrado mi vida al servicio incondicional a Dios y al despertar espiritual de los corazones mediante Su mensaje. Para aquellos que siguen mi mismo camino y se sienten llamados a la renuncia total —una vida dedicada a buscar y servir a Dios a través de los ideales del yoga, combinando la meditación con el cumplimiento del deber—, he perpetuado dentro de la orden monástica de Self-Realization Fellowship / Yogoda Satsanga Society of India el linaje de “sannyas” de la Orden de Shankara, al cual me uní cuando recibí los votos sagrados de swami de manos de mi Gurú».

HOMENAJE DE PARAMAHANSA YOGANANDA

A SWAMI SHANKARA

de *Susurros de la Eternidad*

¡Oh Shankaracharya, estrella deslumbrante en los cielos de la sabiduría! Muchas mentes, antes oscurecidas por la ciega creencia en el formalismo religioso, han aprendido de ti el camino supremo de la liberación: la percepción espiritual

.Exponente inigualable del Advaita, te rendimos homenaje. Las ovejas de las debilidades humanas huyen ante el rugido leonino de tu percepción divina.

Tus himnos de victoria —«Yo soy Él» y «Tú eres Eso»—, al igual que la afirmación de Cristo «Yo y mi Padre somos uno», nos despiertan del estupor del materialismo.

 ¡Oh Swami de Swamis! Nos enseñas a contemplar el único océano eterno del Espíritu bajo las olas transitorias y cambiantes de las formas finitas.

 Adoras a un Dios que no es sombrío ni vengativo, sino un Dador de dones y bienaventuranza. Nos muestras el camino para cosechar una alegría radiante de todos los corazones y llenar los cálices de nuestra alma con ramos de cantos celestiales.

 Nos dices que nuestro ser inmortal surgió del batido de Su mar de luz; que de Su alegría oceánica emergen nuestras múltiples vidas; y que, al calmarse la tormenta del deseo, nos uniremos a Él en una poderosa risa cósmica.

 ¡Oh majestuoso monista! Tu vida sonriente ha revelado a los devotos la plenitud del Espíritu. ¡Nos inclinamos, nos inclinamos ante ti!

 

NOTA ADICIONAL:

«Un día, mientras paseábamos en automóvil, sentí una inspiración interior que me guiaba hacia la zona de Mount Washington. Al llegar a la cima y ver aquel gran edificio que albergaba un hotel, dije: «Deténganse aquí». Mis acompañantes se mostraron reticentes: «¡Por favor, no entre ahí! Es propiedad privada». Haciendo caso omiso de sus protestas, caminé por la entrada y me detuve frente a la cancha de tenis. Intuí que aquel lugar nos pertenecía, pues lo reconocí como el edificio que había visto en una visión en Cachemira, muchos años atrás, mientras contemplaba el templo de Shankara situado en una colina que dominaba el lago Dal. En aquella visión, había visto incluso la escalera interior de este lugar». —Paramahansa Yogananda

 

Tomado de la Revista de Self-Realization 2022

[1] Palabras que se encuentran en el popular canto de Shankara «Yo soy Él» (*Nirvana Shatakam*). Paramahansa Yogananda relató que cantó versos de dicho himno al recibir la iniciación en sannyas de manos de su gurú, Swami Sri Yukteswar.

[2] Literalmente, la no dualidad, la «unidad». Los escritos de Shankara son exposiciones lúcidas de las antiguas enseñanzas védicas sobre el Advaita o la esencial irrealidad de la materia, de la naturaleza omniabarcante del Espíritu». —Paramahansa Yogananda

[3] Brahmajnanavalimala I:20. Las grandes almas que han descifrado el Misterio Cósmico poseen, en efecto, la magistral capacidad de exponer verdades profundas con una franqueza extraordinariamente convincente. Swami Sri Yukteswarji decía: «Los *rishis* escribían en una sola frase profundidades sobre las que los eruditos y comentaristas debaten durante generaciones. Las interminables controversias literarias son propias de mentes perezosas. ¿Qué pensamiento libera más rápidamente que «Dios es»? Es más: ¿que simplemente «Dios»?».

[4] La Mimamsa es uno de los seis sistemas principales de la filosofía hindú —entre los que también se incluyen el Yoga, el Sankhya, el Vedanta, el Vaisheshika y el Nyaya—. La Mimamsa («indagación racional») aborda la naturaleza del *dharma* como una práctica tradicional prescrita. Establece un conjunto de normas para la interpretación y el uso de los textos védicos, prescribiendo diversas observancias rituales.

[5] Tal como se relata en *Autobiografía de un yogui*, Mahavatar Babaji —quien inició a Shankara en la técnica y ciencia liberadoras del Kriya—también residía, según se sabía, cerca de Badrinarayan.

 

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