22 Oct El arte de la acción correcta – por Paramahansa Yogananda
El arte de la acción correcta – por Paramahansa Yogananda
Una charla ofrecida a los residentes de la Sede Central Internacional de Self-Realization Fellowship en 1934. Fragmentos de esta charla se utilizaron en diversas lecciones de SRF, las cuales estaban siendo recopiladas siguiendo las instrucciones de Paramahansaji durante aquel periodo. La charla completa, que nunca antes se había publicado en su totalidad, se presenta aquí por primera vez.
La persona común es un ser en constante movimiento, un objeto que nunca se detiene. El entorno interior de tales individuos nunca goza de verdadera paz. Un ser humano sereno mantiene el equilibrio: controla todas sus emociones en lugar de permitir que estas lo controlen a él. Procura llevar una existencia bajo control a lo largo de todo el día. De lo contrario, tu paz mental se verá afectada por emociones fluctuantes, movimientos musculares impulsivos, la actividad y reactividad de los sentidos, y una inquietud incesante de los pensamientos. No permitas que nada de esto perturbe tu paz. Debes ser capaz de controlar tu mente —y, por ende, tu cuerpo— mediante el autodominio.
¿Te gobierna la serenidad o los impulsos inquietos?
Una persona serena refleja tranquilidad en su mirada, una inteligencia aguda en su rostro y una receptividad adecuada en su mente. Es alguien capaz de actuar con decisión y prontitud, sin dejarse llevar por impulsos o deseos que surgen de forma repentina. Por el contrario, una persona inquieta es como una marioneta que danza al son de los deseos emocionales que surgen ante las tentaciones presentadas por otros.
Asegúrate de trabajar —ya sea de forma pausada o rápida— desde un centro de serenidad. Bajo ninguna circunstancia trabajes o actúes desde un estado de inquietud, manteniendo tu concentración centrada en esa agitación mental. Todas tus acciones deben realizarse con paz, serenidad, dominio propio, inteligencia y una concentración aguda.
Cuando logres combinar en ti la placidez del cocodrilo con la actividad diligente del castor, te convertirás en un ser humano equilibrado.
Presta una atención consciente a cada situación en la que te encuentres
Refleja siempre una actitud equilibrada en tu interacción con los demás. Una persona serena posee unos sentidos plenamente conscientes y lúcidos respecto al entorno en el que se desenvuelve. Una persona inquieta no percibe lo que sucede a su alrededor; por consiguiente, malinterpreta todo y se mete en problemas, tanto consigo misma como con los demás. Una persona serena, gracias a su dominio propio, rebosa comprensión y, como resultado, vive siempre en paz con los demás y se mantiene feliz. Nunca desplaces el centro de tu atención de la serenidad hacia la inquietud. Realiza todas tus actividades manteniendo la concentración centrada en la serenidad.
Muchas personas creen que sus acciones deben ser, o bien inquietas, o bien lentas. Eso no es cierto. Si conservas la calma y mantienes una concentración intensa, podrás realizar todas tus tareas con rapidez y eficacia. El verdadero arte de la acción correcta consiste en ser capaz de actuar con eficacia —ya sea a un ritmo lento o rápido— sin perder la paz interior. El método adecuado consiste en adoptar una actitud controlada, que te permita trabajar en paz sin perder tu equilibrio interno.
Esto no significa que debas mantener la calma durante un rato para luego dejar que tu mente se descontrole. No es quien medita durante mucho tiempo un día y luego pasa varios días sin volver a meditar quien alcanza el éxito en el sendero espiritual. Es, más bien, la persona que medita con regularidad y de manera constante y mantiene los efectos de la meditación a lo largo del día la que se acerca rápidamente a la divinidad y a la Conciencia Cósmica.
Transformarte de un ser material en un ser espiritual
Miles de personas son seres totalmente materiales. Sus pensamientos y hasta sus propios movimientos reflejan materialidad; no son más que materia en movimiento. No seas como ellos. Cultiva la calma interior y el equilibrio manteniendo tu conciencia siempre disciplinada mediante la concentración y la meditación.
Una vez, un hombre vino a hablarme de la superioridad de la mente; pero, al analizarlo, descubrí que su mente estaba concentrada en su cuerpo. Su mente estaba centrada en su sombrero, sus zapatos y su vestimenta; eso era todo lo que había en él. El buitre vuela muy alto, pero su mente está puesta en las criaturas que se encuentran en el cañón, allá abajo. Del mismo modo, la mente de una persona inteligente puede estar vagando por el reino de las ideas y, sin embargo, seguir centrada en el cuerpo y en los apegos a los que este está sujeto. Quien concentra su atención en su propia persona —en los esfuerzos físicos, en la actividad muscular generada por el sistema nervioso— es un ser material.
Elevarse por encima de la conciencia corporal no significa descuidar el cuerpo ni el propio trabajo. Uno debe cuidar el cuerpo y realizar sus tareas manteniendo la mente puesta en el propósito divino que se cumple al atender dichos deberes. Quien logra mantener su concentración centrada en su Ser interior, incluso mientras está ocupado con su trabajo, es un ser espiritual.
Es sumamente importante determinar si eres capaz de mantener la continuidad de tu calma a lo largo del día. Tus músculos, tus sentidos, tus deseos y los malentendidos de los demás pueden perturbar la quietud de tu alma. Dejarse dominar por los estados de ánimo equivale a ser parte de la materia. Si mantienes la firme determinación de no perder nunca tu paz, podrás alcanzar la divinidad. Reserva un espacio secreto de silencio en tu interior, donde no permitas que entren estados de ánimo, pruebas, luchas o desarmonía. Mantén fuera todo odio, deseo de venganza y anhelos mundanos. En esta cámara de paz, Dios te visitará.
Permanece en el mundo, pero no seas del mundo
Aunque debas permanecer en el mundo, no seas del mundo. Los verdaderos yoguis pueden hablar y relacionarse con los demás, pero, al mismo tiempo, sus mentes permanecen absortas en Dios.
La persona espiritual actúa con la conciencia de que Dios es quien realiza la acción. La persona materialista también actúa, pero lo hace con la convicción de ser ella misma la autora de sus actos; al hacerlo, se acarrea sufrimiento a través de sus gustos y aversiones. Los sentimientos centrados en el ego —que se manifiestan como gustos y aversiones— son los únicos responsables de que el alma quede encadenada al cuerpo y al entorno terrenal. Los deseos materiales se apoderan de la conciencia de quien no vigila con suficiente atención cómo reaccionan sus sentimientos ante las diversas experiencias de la vida. Los deseos, junto con los apegos y aversiones que de ellos se derivan, destruyen el equilibrio de la naturaleza interior, tal como piedras arrojadas a un lago en calma perturban la superficie de la conciencia.Obsérvate con la mirada aguda y concentrada de un águila para determinar si tu mente está centrada en el Ser interior o en deseos que surgen del contacto con la materia.
Ante todo, sé fiel a ti mismo. Si eres fiel a ti mismo, Dios será fiel a ti. Muy pocas personas desean ser buenas, y aún menos las que se esfuerzan por serlo. Aquellos que se esfuerzan constantemente por ser buenos son quienes encontrarán a Dios.
Los minutos son más importantes que los años. Si no llenas los minutos de tu vida con pensamientos sobre Dios, los años pasarán volando y, cuando más lo necesites, no serás capaz de sentir Su presencia. Pero si llenas los minutos de tu vida con pensamientos sobre Dios, descubrirás que los años de tu existencia quedarán, de forma natural, impregnados de la conciencia de Dios. Nunca pienses en el mañana. Ocúpate del presente, y todos los mañanas se cuidarán por sí solas. No esperes a mañana para meditar. No esperes a mañana para ser bueno. ¡Sé bueno ahora! ¡Mantén la calma ahora! Será el punto de inflexión en tu vida.
Vive más en tu interior
Independientemente de lo que estés haciendo, mantén tu concentración en la paz que brinda la meditación. Ese es el camino hacia un contacto íntimo con Dios. Las personas comunes llevan vidas útiles y activas, pero desconocen el arte de vivir en su propio interior. Viven identificadas con la materia y, por consiguiente, con la desdicha. Quien mantiene la calma es feliz, pues cultivar la serenidad y el autocontrol es el único camino hacia la verdadera felicidad. Mantente constantemente consciente de tu interior; realiza un esfuerzo de voluntad continuo para permanecer siempre en el trono de la serenidad.
La mayoría de las personas diluyen la estabilidad de su mente debido a las constantes fluctuaciones de su entorno; por ello, pierden el control sobre sí mismas. Si se esparcen por el suelo las semillas contenidas en una bolsa, resulta difícil volver a recogerlas. La mente es como una bolsa de conciencia llena de semillas —los pensamientos; si rasgas esa bolsa con la daga de la inquietud, todos los pensamientos se dispersarán, y será arduo reunirlos de nuevo. Del mismo modo que el aceite permanece oculto en las semillas de mostaza y puede extraerse mediante la molienda, al recoger tus pensamientos dispersos de Dios— y triturarlos con el poder de la concentración, podrás extraer el aceite de la Autorrealización.
El poder de forjar tu propia vida
Debes mantener la calma y el dominio propio bajo cualquier circunstancia. Nadie debería ser capaz de perturbarte. Pase lo que pase —incluso ante las tormentas de las pruebas—, debes ser capaz de conducir el barco de la concentración, con serenidad, hacia las costas de la bienaventuranza.
La persona común se deja influir por su entorno mundano. El hombre capaz de concentrarse forja su propia vida. Planifica su jornada y, al final del día, comprueba que sus planes se han llevado a cabo; se siente más cerca de Dios y de su meta. Una persona débil planea muchas cosas maravillosas, pero al terminar el día descubre que ha sido víctima de las circunstancias y de sus malos hábitos. Por lo general, alguien así culpa a todos, excepto a sí mismo.
Recuerda: no debes culpar a nadie más que a ti mismo por tus dificultades. Si te propones controlar tus circunstancias viviendo de acuerdo con las leyes espirituales, entonces, mediante el poder de dichas leyes, tus circunstancias se ajustarán en consecuencia. Con el tiempo, deberás aprender a llevar una existencia bajo control.
Cada mañana, proponte ser mejor: sé amable tanto con tus amigos como con tus enemigos, medita con mayor profundidad que el día anterior, adquiere conocimientos a través de buenos libros, etcétera. En otras palabras, sigue mejorando. Analízate y determina si eres la misma persona que hace unos años, y si has logrado superar alguno de tus antiguos malos hábitos. Esto te indicará si has progresado o no. No debes llevar una existencia estancada; cada día, impúlsate a alcanzar metas mayores.
Tu cuerpo es como un perro obstinado. Sujeta tu mente y tu cuerpo mediante la fuerza de voluntad, y guíalos en la dirección que deseas que sigan. No permitas que te arrastren en la dirección equivocada —llevándote a caer en el abismo de la miseria—; corrígelos con firmeza cuando desobedezcan, pues cuanto más los disciplines mejor responderán a tus órdenes. Tu mente y tu cuerpo se han vuelto rebeldes y te protestan constantemente acerca de las imposibilidades que encuentras en tu camino; pero si los sometes a una disciplina rigurosa, serán capaces de superar esas barreras.
Utiliza el autoanálisis para evaluar tu progreso
Si eres consciente de que cada día avanzas en los planos espiritual, mental y físico, puedes sentirte feliz; pero si notas que te vuelves irritable, quisquilloso o propenso a los chismes, ten por seguro que estás retrocediendo. La mejor prueba consiste en analizarte a ti mismo y determinar si hoy eres más feliz de lo que eras ayer. Si sientes que hoy eres más feliz, entonces estás progresando; y este estado de felicidad debe mantenerse.
Solo es posible crecer mediante la meditación profunda y una actividad inteligente y controlada. Cuanto más profunda sea tu meditación y más dispuesto estés a servir, más feliz serás. Y recuerda: cualquier daño que causes a los demás, te lo infliges primero a ti mismo, tanto en el pensamiento como en la acción. Permite que tu mente y tu alma se purifiquen. Ser cada día más feliz que el anterior: ese es el criterio de la vida espiritual; si no sientes que tu felicidad aumenta progresivamente, es que estás retrocediendo.
Esta es la forma más sencilla de evaluar tu propio progreso espiritual. Si te descubres dejándote llevar por la corriente de las costumbres y las opiniones ajenas, el primer paso es dedicar tiempo a alejarte de todos. No hace falta que te retires a la selva, ni que seas descortés con los demás; simplemente siéntate en silencio y reflexiona. Aclara las cosas contigo mismo. Decídete a no permitir que nadie te haga daño ni te arrebate tu felicidad y tu paz.
Puedes alcanzar la unidad con Dios en esta vida
Aférrate a la conciencia de paz —ese estado que perdura tras la meditación— y continúa cultivándola, aumentando tanto la duración como la profundidad de tus meditaciones, y realizando acciones que te brinden una felicidad auténtica; así verás cómo te acercas rápidamente a Dios. Si no realizas un esfuerzo consciente en esta existencia, podrían transcurrir varias encarnaciones sin que logres alcanzar la meta. Pero si te esfuerzas a partir de ahora, desde este mismo instante, y tratas de mantener tu concentración ininterrumpidamente en la paz interior de la meditación, entonces podrás ser uno con Dios en esta vida.
Mantén tu concentración en los dichosos efectos posteriores a la meditación durante cada minuto de tu existencia, y no permitas que esa paz se disipe a causa de pensamientos perturbadores. Si acumulas concentración en el recipiente de la meditación, pero existe una fuga de inquietud, tu concentración se agotará. No debes permitir ninguna fuga mental.
Tanto en la meditación como en la actividad, haz que esta sea tu oración constante:
«Padre, Madre, Amigo, Dios amado: que Tu amor brille para siempre en el santuario de mi devoción, y que yo sea capaz de despertar Tu amor en todos los corazones».
La traducción no oficial de este artículo procede del libro «Solving The Mystery Of Life» por Paramahansa Yogananda.
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